Salvador Mazza y la Cruz de Junco

Si el ilustre epidemiólogo que combatió la tripanosomosis americana estuviera al tanto de todo lo malo que ocurre en el pueblo que lleva su nombre, no dudaría un instante en pedirle al Concejo Deliberante local que buscara a otro prócer cuyo nombre representara mejor la caótica realidad que se vive en aquel rincón caliente de la frontera entre Argentina y Bolivia.

Los vecinos de Salvador Mazza, o al menos la mayoría de ellos, suspiran aliviados después de que ese supremo hacedor de la felicidad futura de todos los salteños que es el gobernador Urtubey les dijera hace solo un par de días que él les garantiza el futuro.

Un gesto sin dudas conmovedor, si se tiene en cuenta especialmente que don Urtubey lleva seis años gobernando y es mejor que se acuerde ahora de Salvador Mazza y de su gente y no unos días antes de que se le acabe el mandato.

Para empezar a poner las cosas en su sitio, Urtubey ha realizado un acto relámpago para recibir el juramento y poner en posesión de su cargo a la nueva interventora de la Intendencia Municipal, señora Mercedes Junco de Galván García, quien permanecerá en el sillón hasta el próximo día 10 de diciembre.

Las prisas y el temor a alguna algarada hicieron que la ceremonia fuese al más puro «estilo Urtubey»; es decir informal y desorganizada.

La señora Junco -peronista creyente- había hecho conocer con antelación sus intenciones de jurar por Dios y por los Santos Evangelios, de modo que a toda prisa los expertos en ceremonial debieron cargar el helicóptero con el material necesario para hacer creer a los lugareños que Dios y su palabra estaban realmente presentes en el acto.

En el apuro y a falta de un crucifijo en condiciones, alguien metió en la valija una cruz con peldaños y puntas adornadas en metal al más puro estilo occitano. El adorno, sin embargo, no tenía la figura de Cristo crucificado, que suele ser usual en este tipo de ceremonias.

Al parecer, la cruz que llevaron es la réplica de algún monumento o crucero; una especie de souvenir  más que un símbolo religioso adecuado para una ceremonia de juramento.

Otro detalle preocupante -pero no tanto como para invalidar el acto- es que el ejemplar de los Santos Evangelios tiene un separador con los colores de la bandera boliviana, que delata claramente su procedencia.

Lo que no ha podido determinarse con exactitud es si a la derecha del libro sagrado la señora Junco tenía un ejemplar de la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, en cuyo caso habría que revisar en profundidad la legalidad del acto, ya que no conviene dudar de la patriótica sinceridad de la juradora.

A pesar de que el juramento fue realizado con nocturnidad y alevosía, que la cruz era inadecuada, que los Santos Evangelios eran bolivianos y que se desconoce si la Constitución era la correcta, nadie duda que la señora Junco tiene otra cruz sobre sus espaldas. La que le colocó ese nuevo centurión de la caballería de Pilatos que se llama Urtubey.

¡Que Dios y la patria boliviana la ayuden!