Miguel Ragone -uno de los más celebrados gobernadores de Salta, después del General Güemes y del Señor del Milagro- gobernó solo con tres ministros. Urtubey elevó la cifra de ministerios a diez, pero lejos de aumentar la eficacia global del gobierno provincial la redujo de una forma peligrosa. En la práctica, Urtubey también gobierna con tres ministros: el que maneja los números del reino (Carlos Parodi); el que mantiene a raya a la corporación docente (Roberto Dib Ashur) y el que se encarga de hacer lo propio con la no menos influyente corporación médica (Oscar Villa Nouguès).
La cuarta corporación, la de los policías, se encuentra bajo el mando directo del Gobernador, no solo porque los uniformados han demostrado una alta capacidad de presión sobre la estructura política del Estado sino porque pasará algún tiempo hasta que el ministro del ramo (Alejandro Cornejo D'Andrea), embarcado en un rally personal por mangrullos y comisarías, se dé cuenta de verdad del berenjenal en el que está metido.
El resto de los ministerios, por razones muy variadas, se ha convertido en una caricatura bastante grotesca de lo que cualquier ciudadano entiende por una administración seria.
Derechos humanos
El caso más patético es el del así llamado Ministerio de Derechos Humanos, convertido en (o percibido por los ciudadanos como) una agencia asistencial dedicada a santificar el clientelismo de Estado y en una especie de brigada de despliegue rápido frente a determinadas calamidades sociales.La ministra del ramo, sin competencias serias y sin una misión concreta, ocupará su tiempo -como ya lo hizo su antecesora- en variados asuntos deportivos; en cuestiones que se dicen vinculadas con la "diversidad", pero que son tratadas con la seriedad y el colorido de una comisión de corsos; en la entrega puntual de anteojos, sillas de ruedas y demás ortopedia; en la coordinación de alertas meteorológicos; en la organización y montaje de colonias de vacaciones y en diversas fiestas de jubilados y pensionados.
Nada en la nutrida agenda de la ministra invita a los ciudadanos a pensar que la cartera a su cargo se ocupa de algo directamente relacionado con la vigencia y el disfrute de los derechos fundamentales de las personas, tal cual estos derechos se encuentran definidos en los instrumentos internacionales.
Nada, en fin, invita a pensar que el Ministerio de Derechos Humanos de Salta se ocupa de asuntos como la planificación y tutela de la gestión de políticas de solidaridad social y cohesión territorial, o que ejerce sus cometidos de asistencia social en base a criterios no clientelares, objetivados en una ley de la Provincia.
Justicia
Le sigue en nivel de patetismo el fantasmagórico Ministerio de Justicia, una cartera que se ha convertido en una especie de ventanilla de quejas contra la morosidad judicial y en el interlocutor semioficial de una larga legión de dolientes que esperan que los jueces y fiscales esclarezcan y resuelvan los casos que les afectan. De las cinco competencias atribuidas a esta cartera por la ley provincial 7694, solo ejerce una: la relativa a la cooperación con el Poder Judicial y el Ministerio Público en materia de mediación y de otros métodos alternativos de composición de conflictos.Todo lo demás (incluida la relación con la Corte de Justicia y la designación de magistrados) se decide en otros niveles, con mecanismos opacos que son de sobra conocidos.
El Ministerio de Justicia de Salta no tiene a su cargo la gestión de ningún registro jurídico, no se ocupa de la dotación de los recursos materiales de juzgados, tribunales y del Ministerio Fiscal, no tiene competencias sobre el personal al servicio de la Administración de Justicia, no ejerce la función de asistencia jurídica del Estado y de sus organismos públicos, ni tiene a su cargo la cooperación jurídica con otras provincias o países extranjeros.
Trabajo
La tercera cartera que se encuentra a la deriva es la de Trabajo, que ha hecho de la incompetencia de sus funcionarios su seña de identidad más vigorosa. Esta cartera se ocupa, entre otras cosas, de organizar festivales, concursos de bailes y pintado de murales, y de una serie de actividades completamente alejadas de las políticas de empleo, formación profesional, relaciones laborales, negociación colectiva o seguridad social. Mantiene una estructura antediluviana de inspección de trabajo, cuyo mayor logro es haber colocado a Salta en los primeros lugares nacionales de empleo en negro. Se especializa en clausuras de kioscos, pequeñas panaderías y explotaciones agrícolas insignificantes.A seis años de su creación, la cartera laboral salteña no ha logrado reducir ni una sola de las patologías sociales que afectan al mundo del trabajo asalariado. Las campañas contra el trabajo infantil, el empleo no registrado y el llamado "trabajo decente" se han saldado con un fracaso rotundo, no solo por su deficiente diseño sino por la carencia real de instrumentos de intervención en el mercado, la falta de competencias y el subdesarrollo de los servicios jurídicos de este ministerio fantasma.
Ambiente y Producción Sustentable
La cuarta cartera en el escalafón del descalabro es el enigmático Ministerio de Ambiente y Producción Sustentable, un engendro inútil que además se ha revelado como un peligroso agente contra el equilibrio medioambiental y el desarrollo sostenible.El ministerio llamado precisamente a hacer cumplir las leyes vigentes en materia de aguas, bosques, paisaje y patrimonio urbano histórico se encuentra desde hace años inerme y desarticulado frente a los intereses de la especulación. Y, cuando debe actuar, muestra un llamativo desprecio por el impacto ambiental y social de la producción, allanando el camino para que poderosos intereses comprometan con sus acciones el futuro de cientos de miles de salteños.
Cultura y Turismo
La quinta cartera de la lista es el poco influyente Ministerio de Cultura y Turismo, por lejos, uno de los peores gestionados. Mantiene en su estructura a un grupo de entusiastas aficionados en cuestiones de turismo que intentan responder a los serios desafíos de la competencia regional e internacional con soluciones ingenuas y voluntaristas que han colocado a Salta en una clara desventaja respecto de sus principales competidores.En materia de Cultura, el ministro del ramo ha echado por la borda los esfuerzos de sus predecesores por convertir a la administración cultural del gobierno en un impulsor de actividades artísticas de calidad, y ha tolerado el enquistamiento en la estructura estatal de un grupo minúsculo y sectario de «gestores culturales» a los que se ha confiado el reparto de las prebendas oficiales, cuyo uso discrecional ha alentado la creación de una auténtica burocracia parasitaria de «artistas de Estado» de bajísima calidad.
Gobierno
El último ministerio de la lista es, paradójicamente, el más antiguo y prestigioso de todos ellos: el Ministerio de Gobierno. Luego de que le fueran cercenadas de forma sucesiva las competencias en materia de seguridad, de justicia y de educación, al ministro del ramo solo le quedan para entretenerse un poco el Boletín Oficial, el registro de personerías jurídicas y la relación -más nominal que otra cosa- con los Intendentes Municipales, que como todo el mundo sabe se resuelve con una chequera que no se encuentra en el escritorio del ministro.El llamado "ministro político" del gobierno hoy no es más que un funcionario de tercera, un personaje gris y descafeinado que en el pasado reciente debió empeñarse en la monetizada promoción del voto electrónico para intentar recuperar algo de la notoriedad perdida.