La deshonrosa afrenta que el Festival de Cosquín ha dedicado a la memoria de Eduardo Falú -el insigne salteño que llevó la música popular de nuestra tierra a los escenarios más cultos e importantes del mundo- solo se explica por el sonado fracaso de la política cultural del gobierno de Salta. En particular, se explica por la candorosa debilidad del Ministro de Cultura y Turismo del gobierno provincial, señor César Mariano Ovejero Afranllie, cuya cartera ha renunciado explícitamente a promover los valores tradicionales de nuestra cultura y nuestra creación intelectual para convertirse en el seguro refugio (con cargo a los presupuestos del Estado) de una nube de artistas de muy baja calidad y de un selecto grupo de operadores clientelares de la cultura.
A fuerza de perseverar en el error, la política del señor Ovejero ha conseguido consolidar un bloque bastante consistente de folkloristas de Estado -en su mayoría gritones y rascatripas- a los que no solo se viene transfiriendo ingentes recursos económicos (que se niegan sistemáticamente a otros creadores no alineados con el poder), sino que también se ha investido de la representatividad exclusiva de la cultura de Salta.
La apuesta del gobierno de Salta por la cultura festivalera, en la que se mezcla interesadamente el arte con los excesos -ambos operan como eficaces señuelos para atraer el turismo y engordar las haciendas locales- no ha pasado desapercibida en otras latitudes. Especialmente en la Provincia de Córdoba, a donde el Gobernador de Salta acostumbra a cabalgar vestido de gaucho, para promocionar su figura, pero no los valores de los auténticos creadores de su tierra.
La cultura de Salta ha dejado de ser lo que era -un espacio de creación libre- para pasar a ser lo que el gobierno provincial quiere que sea. Un gobierno, que no solo no ha sido capaz de rendir un homenaje decente a Falú en su propia tierra, sino que ha permitido que otro eximio artista de talla internacional como Dino Saluzzi se haya alejado definitivamente de los escenarios provinciales, a causa del desmedido amparo que el gobierno brinda a artistas de talla muy inferior.
El desprecio a la monumental figura de Eduardo Falú, fallecido hace solo seis meses y a quien bajo un excusa banal le fue negado un homenaje en el principal festival folklórico del país, es una consecuencia directa de esta política alegre de mecenazgo del mamarracho cuya causa ha abrazado con tanto entusiasmo el ministro Ovejero.