- ¿De qué laburás vos changuito? - Y mire, yo soy agresor electoral rentado señor. Con eso me gano la vida. - Ah, muy bien. Seguí así, que trabajar es la mejor forma de labrarse un porvenir. Este diálogo imaginario se podría producir hoy en cualquier paredón de Salta, al pie de cualquier farola o en las concurridas calles peatonales de la ciudad. Porque si nos atenemos a las denuncias más recientes, los agresores electorales han crecido como hongos en las últimas horas. Prácticamente ningún candidato se libra de haber sufrido recientemente un ataque 'patoteril'.
Si fuese verdad todo lo que se ha denunciado, el índice de desempleo en Salta, medido al día de hoy, debe ser cercano a cero. Un éxito rotundo y absoluto de las políticas de inclusión.
Llamativamente, algunas defensas sostienen que el "pegatinero" (nombre horrible donde los haya) se gana la vida cumpliendo con su tarea, que básicamente consiste en tres cositas muy simples: 1) fijar en la vía pública los carteles del candidato que les paga; 2) desfijar los de los candidatos rivales; y 3) abollar la mollera de estos o de sus partidarios, donde se encuentren.
El trabajo es, ante todo, digno y hay que respetarlo.
Pero puestos a elegir un nombre horrible, a los pegatineros habría que llamarlos "engrudistas" y, ya que de verdad trabajan, como dicen algunos, habría que exigirles que estén en posesión de un postítulo, de una libreta de trabajo y que realicen aportes jubilatorios.
Pero muchos de ellos, más que un pos-título poseen un pros-tíbulo y son menores de edad, aunque bastante talluditos ya como para que alguno salga a denunciar que detrás del emergente oficio del agresor electoral se oculta el flagelo de la explotación infantil.
El Tribunal Electoral de Salta, esa ecuánime institución que vela por la capacitación de nuestros electores y por la transparencia de los mecanismos del sufragio, debería autorizar que junto a la imagen del candidato, en las pantallas de votación electrónica, aparecieran también las fotos de los agresores electorales que lo acompañaron durante el periodo proselitista.
Sería una muy buena forma de reconocer la labor de estos abnegados servidores públicos, aprendices de matones a sueldo, egresados cum laude de esa formidable cantera de barra bravas en que se han convertido los comités de campaña de los principales candidatos y partidos de Salta.