Rodolfo vira a la cumbia

Rodolfo Urtubey (hijo)Para qué nos vamos a engañar. Rodolfo Urtubey «hijo»  podría llegar a ser un estupendo senador nacional por Salta. Desde luego, mucho mejor senador sería que cualquiera otro de sus teóricos oponentes, incluido el veterano Santiago Godoy «padre», a pesar de su larga experiencia parlamentaria.

Sin dudas, lo más atractivo de la política salteña es esta especie de «articulación dinástica»  en las candidaturas públicas; un fenómeno que preanuncia que dentro de unos pocos años las bancas de senador nacional por Salta se dirimirán en un pulso cerrado entre Santiago Godoy «hijo»  y Rodolfo Urtubey «nieto»  (Rodolfo Javier, hijo de Rodolfo Julio, nieto de Rodolfo José, bisnieto de Rodolfo Norberto...).

Por razones que no son bien conocidas hasta ahora, Rodolfo Julio intenta arañar votos borrando las fronteras sociológicas entre ambas dinastías, algo que -adelantamos desde ya- no le favorece en absoluto.

La dinastía «india», como su nombre indica, está ontológicamente conectada a las manifestaciones más populares (la cumbia, el baile de carnaval multitudinario, las pizzas bolivianas en el Mercado San Miguel...), mientras que a la dinastía «rodolfa»  le tira más el baile de salón, el lomito mechado y el recato de las bibliotecas).

Pero Rodolfo parece dispuesto a acabar con el estereotipo y no ahorra gestos a la hora de demostrar que toda su descomunal -aunque algo desgarbada- humanidad está hecha de esa madera popular sobre la que fueron esculpidas las inmortales figuras de Martín Miguel de Güemes, Eva Duarte o Miguel Ragone.

Frente a la cruda frialdad de las cifras de la demoscopia criolla, los asesores de campaña han recomendado a Rodolfo encontrar ese tirón popular que se le viene negando, aun a riesgo de incurrir en estas comparaciones tan ridículas y tan poco favorecedoras de su figura.

Estos expertos consideran que el nulo pasado peronista del candidato no es en sí mismo un problema irresoluble, pues su contrincante Romero tampoco era peronista cuando fue ungido senador nacional por primera vez, allá en 1986.

Lo que de verdad inquieta a los que diseñan la estrategia de marketing del candidato es su imagen frankesteniana, su perfil de asustaniños, su eterna pose de jurista de los valles subandinos y su cada vez más lejano parecido con George Clooney.

A Rodolfo le falta un poco de alegría, un poco de cumbia y alguna rubia de generosas proporciones que acompañe sus pasos y le arranque sonrisas sugestivas. Porque aunque es sabido que cualidades académicas e intelectuales le sobran al futuro senador, se sabe aún mejor que estos atributos resultan más bien indiferentes para las masas.

Poco después de que en los cuarteles del candidato se llegara a la conclusión de que la gestión del Fondo de Reparación Histórica constituyó una mochila de plomo (por no decir un auténtico fiasco), comenzó a abrirse paso la estrategia de situar a Rodolfo en un imaginario e inverosímil «espacio popular».

Hay quien sostiene que será fácil, porque su hermano Juan ya se calzó el mismo disfraz hace años, con los resultados por todos conocidos.

Pero hay otros que desconfían de que el plan vaya a dar buenos resultados y que recomiendan vivamente que Rodolfo siga siendo Rodolfo, que no enajene su dignidad por un puñado de votos y que no se pruebe el mismo disfraz que su hermano lleva con mucho más soltura que él, precisamente por sus habilidades como primer actor de la escena nacional.

Alguno le ha recomendado -con cierta anticipación agorera- que no intente parecerse a Güemes o a Ragone y que procure que su historia (la propia de Rodolfo) termine un poco mejor que la de estos malogrados gobernadores.

En pocas palabras, le han pedido que se presente ante el electorado tal cual es, sin filtros, maquillajes ni ortopedias, porque si corre con el caballo del comisario, lo menos que se puede esperar es que el candidato, antes de aspirar a representar fielmente a cientos de miles de salteños, sea capaz de representarse fielmente a sí mismo.

Un tuit inolvidable

El senador, el diputado, el intendente y... el turco.