Un apasionado de la transformación se ofrece como candidato

Ministro Eduardo SylvesterHasta hace unos días se creía que la pasión por la transformación tenía como máximos exponentes a los travestis; es decir, a aquellas personas que por inclinación natural o por exigencias de su negocio, eligen vestirse con las ropas del sexo contrario.

Por casualidad, los salteños hemos descubierto que la pasión de nuestros travestis es apenas un impulso superficial frente al fogoso y abrasador empeño transformista del Ministro de Seguridad (y Jefe de Policía encubierto) del gobierno provincial, señor Eduardo Sylvester.

Es sabido que la Policía de Salta y los travestis del Parque San Martín mantienen desde hace años unas relaciones bastante ambiguas, pero uno y otro grupo, por razones que son fácilmente comprensibles, intentan diferenciarse al máximo.

Si bien es cierto que hay algunos casos aislados de «cabos de día, drag queens de noche», el gran paso hacia la asimilación de ambas fuerzas sociales lo ha dado el ministro Sylvester, al declarar de forma inequívoca su pasión por la transformación. Una «salida del closet»  tan elocuente que, si se la relaciona con las debilidades del gobierno al que pertenece, evoca también la pasión por el disfraz.

En nombre de tan elevado sentimiento, el joven funcionario ha sugerido que podría ser él un buen candidato del Partido Justicialista de Salta en las próximas elecciones legislativas.

Para nada importa que el apasionado peronismo que el ministro dice profesar no encuentre conexiones en las variadas ramas de su árbol genealógico: Sylvester está convencido de que es capaz de reeditar en los recintos legislativos los grandes logros de su política de seguridad, que, como casi todos los salteños saben, alcanzan una cifra muy cercana a cero.

De concretarse la postulación del señor Sylvester, no sería desde luego la primera vez que el fracaso en las tareas de gobierno, lejos de constituir un handicap, se erige en la mejor carta de presentación para ocupar un escaño legislativo.

Todo sea por «seguir transformando a esta provincia», para mejorarla... o para terminarla de hundir.