Funcionario pobre, gobernador rico

Juan Manuel UrtubeyPongamos por caso que el doctor Robbio Saravia carezca en absoluto de propiedades inmobiliarias. ¿Se puede decir que una persona es 'pobre' cuando viene percibiendo de (desde hace un año y ocho meses) un sueldo equivalente al que perciben los Secretarios de Estado?

Si el Secretario Legal y Técnico del gobierno de Salta es 'pobre', con el sueldo que percibe, ¿cómo calificar a los cientos de miles de salteños que malviven con rentas inferiores al salario mínimo vital y móvil?

Si un funcionario cualquiera, por carecer de propiedad inmobiliaria, es considerado 'pobre', ¿qué adjetivo tendrá reservado el gobernador para aquellos miles de salteños que nunca han podido acceder a la propiedad de un terreno o de una vivienda?

El gobernador Urtubey es un especialista en enredar las cosas, en darle vuelta a los conceptos y en utilizar las encerronas políticas en su propio beneficio.

Es verdad que a raíz del escándalo de las adjudicaciones de Lomas de Medeiro los salteños han puesto en duda la probidad y la honradez de funcionarios públicos, pero no la del doctor Robbio Saravia, a quien Urtubey injustamente ha señalado con el dedo, so pretexto de defender la honorabilidad de este joven funcionario.

En realidad, el funcionario público de cuya honradez se duda, y con fundamento, es el Gobernador de Salta; razón por la cual si hay que defender la honra de alguien, lo más conveniente es defender la propia, porque eso es lo que el ciudadano espera.

A los ciudadanos no les interesa tanto saber si el doctor Robbio Saravia es 'pobre' o no lo es. A estas alturas, la pobreza (personal o colectiva) ha dejado de ser un cuco para erigirse en un rasgo normal y corriente del salteño medio. Lo que inquieta a los ciudadanos -opositores y oficialistas- es tener a un Gobernador rico hasta la náusea gobernando a un pueblo pobre o empobrecido.

A los ciudadanos no les preocupa tanto la mafia ni las extorsiones que ésta lleve a cabo sino las medidas concretas que el guardián de la legalidad y de las buenas costumbres -el gobierno- ha tomado para enfrentar y desarticular al crimen organizado.

Porque de nada sirve declararse víctima de las mafias cuando la gente tiene la percepción de que por debajo de la mesa -y a veces sobre el mantel- el poder de turno habla su mismo idioma y teje con ellas negocios inmorales.

De nada sirve acusar a un exgobernador de comandar las acciones mafiosas cuando hasta muy poco quienes hoy lo acusan integraban de pleno derecho el estado mayor de 'El Padrino'  y cuando al cabo de cinco años de gobierno omnímodo se ha renunciado a cualquier intento de diferenciarse de los mafiosos, no ya en el plano ético (que sería muy fácil), sino en los terrenos económico y electoral.

Los salteños -que arrastran fama de opas, pero que en política de opas no tienen un pelo- se dan cuenta de que el gobernador tiene una idea puramente instrumental de la pobreza, que manipula este fenómeno a su antojo.

Se dan cuenta de que, para Urtubey, tan pronto sus miles de incluidos  han dejado de ser pobres, como por arte de encantamiento, y que, de golpe, aparecen en el horizonte pobres muy pobres, con rentas respetables y, presuntamente, con propiedades inmobiliarias.