Pongamos por caso que el doctor Robbio Saravia carezca en absoluto de propiedades inmobiliarias. ¿Se puede decir que una persona es 'pobre' cuando viene percibiendo de (desde hace un año y ocho meses) un sueldo equivalente al que perciben los Secretarios de Estado? Si el Secretario Legal y Técnico del gobierno de Salta es 'pobre', con el sueldo que percibe, ¿cómo calificar a los cientos de miles de salteños que malviven con rentas inferiores al salario mínimo vital y móvil?
Si un funcionario cualquiera, por carecer de propiedad inmobiliaria, es considerado 'pobre', ¿qué adjetivo tendrá reservado el gobernador para aquellos miles de salteños que nunca han podido acceder a la propiedad de un terreno o de una vivienda?
El gobernador Urtubey es un especialista en enredar las cosas, en darle vuelta a los conceptos y en utilizar las encerronas políticas en su propio beneficio.
Es verdad que a raíz del escándalo de las adjudicaciones de Lomas de Medeiro los salteños han puesto en duda la probidad y la honradez de funcionarios públicos, pero no la del doctor Robbio Saravia, a quien Urtubey injustamente ha señalado con el dedo, so pretexto de defender la honorabilidad de este joven funcionario.
En realidad, el funcionario público de cuya honradez se duda, y con fundamento, es el Gobernador de Salta; razón por la cual si hay que defender la honra de alguien, lo más conveniente es defender la propia, porque eso es lo que el ciudadano espera.
A los ciudadanos no les interesa tanto saber si el doctor Robbio Saravia es 'pobre' o no lo es. A estas alturas, la pobreza (personal o colectiva) ha dejado de ser un cuco para erigirse en un rasgo normal y corriente del salteño medio. Lo que inquieta a los ciudadanos -opositores y oficialistas- es tener a un Gobernador rico hasta la náusea gobernando a un pueblo pobre o empobrecido.
A los ciudadanos no les preocupa tanto la mafia ni las extorsiones que ésta lleve a cabo sino las medidas concretas que el guardián de la legalidad y de las buenas costumbres -el gobierno- ha tomado para enfrentar y desarticular al crimen organizado.
Porque de nada sirve declararse víctima de las mafias cuando la gente tiene la percepción de que por debajo de la mesa -y a veces sobre el mantel- el poder de turno habla su mismo idioma y teje con ellas negocios inmorales.
De nada sirve acusar a un exgobernador de comandar las acciones mafiosas cuando hasta muy poco quienes hoy lo acusan integraban de pleno derecho el estado mayor de 'El Padrino' y cuando al cabo de cinco años de gobierno omnímodo se ha renunciado a cualquier intento de diferenciarse de los mafiosos, no ya en el plano ético (que sería muy fácil), sino en los terrenos económico y electoral.
Los salteños -que arrastran fama de opas, pero que en política de opas no tienen un pelo- se dan cuenta de que el gobernador tiene una idea puramente instrumental de la pobreza, que manipula este fenómeno a su antojo.
Se dan cuenta de que, para Urtubey, tan pronto sus miles de incluidos han dejado de ser pobres, como por arte de encantamiento, y que, de golpe, aparecen en el horizonte pobres muy pobres, con rentas respetables y, presuntamente, con propiedades inmobiliarias.