La izquierda anticlerical y los curas neoliberales se sacan chispas en Salta

Tomás Salvador RodríguezUna de las características más notables del pensamiento ideológico es su capacidad para imponerse al sentimiento religioso. Los esclavos de la ideología no rechazan la idea de Dios tanto porque aborrezcan lo absoluto sino porque consideran que nada ni nadie puede existir por encima de la ideología y de su plan perfecto para ordenar la vida de los seres humanos hasta el más mínimo detalle.

Asistimos en Salta a un espectáculo ciertamente grotesco: el de un concejal deslenguado que arremete contra la iglesia católica y que señala a un obispo como 'neoliberal' . Una etiqueta que entre nosotros representa la antesala de otras calificaciones más graves como la de 'represor'  o 'genocida'.

Se ve que al concejal le trae más bien sin cuidado hacer el ridículo allí donde abre la boca. De no ser así, habría medido mejor sus declaraciones y evitado relacionar a la Iglesia (o a uno de sus miembros) con el neoliberalismo. Solo en ciertas cabezas cuadriculadas por la ideología y oprimidas por el fanatismo puede caber la idea de un cura neoliberal. Afirmar tal cosa no solamente supone desconocer cómo funciona la Iglesia, sino especialmente ignorar profundamente el significado y el alcance del neoliberalismo.

No caben dudas de que las críticas del Obispo a la tarea de los concejales oficialistas de Salta -acertadas o no- han hecho mella en el presidente del Concejo Deliberante. Y como no es cuestión de que la gente creyente vaya por la calle pensando que los concejales son un hatajo de inútiles que abusan del dinero público para sancionar estupideces envueltas en la solemnidad de las normas obligatorias, la mejor solución es salir a atacar al cura hasta dejarlo al borde del knock out. Eso aconseja el manual del buen concejal.

Según el particular ideario de la izquierda anticlerical criolla, las declaraciones de los curas son bienvenidas cuando coinciden con las posiciones del gobierno y constituyen blasfemia o sacrilegio cuando denuncian los abusos, la ineficiencia o la corrupción gubernamental. Dicho en otros términos, que cuando el cura viene al pie, todos formamos parte de la 'comunidad organizada', pero cuando saca los pies del tiesto es preciso reafirmar la más tajante separación entre Iglesia y Estado.

Un ejemplo más concreto todavía: Cuando la Municipalidad de Salta erige con fondos públicos un monumento al papa polaco en la puerta del Palacio Arzobispal, no hay curas neoliberales que valgan, pero cuando desde el mismo palacio se profieren críticas al gobierno municipal, a Dios lo que es de Dios y al César (Álvarez) lo que es del César.

Si bien la hipocresía es siempre repugnante, a veces cuando los comportamientos hipócritas están revestidos de cierta inteligencia merecen, por lo menos, un análisis y una reflexión. Pero cuando a la hipocresía se unen la ignorancia y la opería, los únicos reflejos posibles son la indulgencia o la indignación. Depende del cliente.

Por estas horas, el denostado Obispo debe de estar plácidamente "en su templo" a buen recaudo de las críticas envenenadas del concejal. Es comprensible. Cualquiera que hoy disfrutara de una línea directa (de una verdadera autopista de la comunicación) con el Vaticano estaría riéndose a carcajadas de las pataletas ideológicas de la izquierda anticlerical vernácula y de los arrebatos de dignidad republicana de ciertos concejales ignorantes.

Solo en Salta las cosas pueden ser ligeramente diferentes. ¿O lo son?