El avance mediático del joven pero eficiente Secretario de Defensa del Consumidor del gobierno de Salta es solo comparable a la continua expansión de sus competencias. Por lo que se ha visto hoy, nuestro Defensor del Consumidor ha roto con los clichés de su oficio y ya no solo persigue a los operadores de telefonía celular que timan a sus clientes o a los avivados comerciantes de Cafayate que cobran fortunas por una porción de pollo con fritas.
El Secretario -que parece poseer el don divino de estar presente a un mismo tiempo en todas partes- se ha metido ahora de lleno con dos temas de rabiosa actualidad para la economía y la salud de la población: la escasez de combustibles y de medicamentos.
Tal vez en estos espinosos temas tengan algo que decir los ministros de Economía y de Salud Pública, pero la voz cantante del gobierno de Salta en la materia la lleva el secretario Godoy, quien -a juzgar por su firmeza- se propone aplicar a las petroleras y las farmacéuticas el mismo rigor administrativo que a los freidores de pollos de Cafayate.
Mañana será la minería y pasado quizá la educación. Toda la realidad es susceptible de ser reducida a través del cono del consumo y, por tanto, todo lo que pase o deje de pasar a los ciudadanos puede estar en algún momento en las manos de Godoy.
El secretario guarda siempre un as en la manga que consiste en un "convenio tipo" que vale tanto para carnicerías, librerías, expendedurías de lácteos, petroleras, farmacéuticas y proveedores de delantales. Ante el más mínimo riesgo de que el mercado salvaje y desbocado reduzca los derechos de los consumidores a papel mojado, el secretario dispone siempre de una lista de "comercios inclusivos" con los que se puede firmar un convenio de congelación de precios cuando las circunstancias lo aconsejen.
De hecho, ya está haciendo falta que Godoy nos sorprenda con una "canasta básica de antibióticos" compuesta por la amoxicilina clavulánica y la azitromicina, a precios populares.
¿Habrá nacido en Salta un nuevo Moreno?