La Ministra de Justicia del gobierno de Urtubey, señora María Inés Diez Gubau, ha recibido encantada en su despacho el obsequio de un retrato de Eva Perón, con motivo de cumplirse el 60º aniversario de "su paso a la inmortalidad". El presente le fue entregado a la funcionaria por dos conspicuas integrantes de la mesa directiva del Partido Justicialista de Salta, las señoras Mercedes Junco de Galván García y Susana Canela.
Ninguna de las dos dirigentes justicialistas aclararon convenientemente por qué razón en concreto obsequiaron a la ministra Diez, quien no solo no pertenece a las filas peronistas, sino que es conocida por su añeja militancia en las filas del antiperonismo más visceral.
Las obsequiosas dirigentes solo dijeron que, como mujeres, querían regalar "a todos los ministros" un cuadro de Evita, porque "tiene un rol fundamental en la vida de los argentinos".
No pensaba exactamente lo mismo hace solo un par de décadas atrás la señora Diez Gubau, pero en un gesto cívico que sin dudas la enaltece, procedió a aceptar encantada el retrato de quien, hasta hace poco, sus más cercanos llamaban con nombres despectivos, al tiempo que exaltaban la figura de militares nacionalistas católicos como el general Lonardi o el almirante Rojas.
Para despejar cualquier duda, la ministra Diez se apresuró a aclarar que "siempre fue una ferviente admiradora de Eva Perón" (sic), algo que, por supuesto, desmienten no solo las hemerotecas sino una buena cantidad de salteños memoriosos, no necesariamente vinculados al gauchaje y a las guitarreadas.
Pero la ministra, sorprendentemente reconvertida al "evitismo" más radical, no solo se enorgullece ahora de haber admirado "siempre" a la llamada Abanderada de los Humildes, sino que también experimenta un curioso orgullo por el hecho de que "las mujeres conforman hoy el 51% del padrón" (sic).
Tamaña declaración equivale a sentir orgullo por hechos tan obvios y naturales como que el Trópico de Capricornio pase por territorio de la Provincia de Salta, o por los 800 milímetros de lluvia que caen por año en este castigado Valle de Lágrimas.
Tal vez la Abanderada de la Aristocracia Inclusiva no se conforma con que las mujeres sean el 51% del padrón, sino que desea que alcancen el 75 o el 99%. O quizá, más aún, retrotraer la relación demográfica entre sexos a los guarismos que presentaba el Paraguay después de la guerra que diezmó a su población masculina.
Tal vez, la señora Diez no sepa o no quiera entender que un desequilibrio mayor entre la población masculina y la femenina puede dar lugar a graves problemas de supervivencia de la especie humana.
¿Una nueva cabalgata por Evita?
Sabiendo ya que la señora Diez es (o ha sido siempre) una peronista reprimida que finalmente ha salido del closet; que nunca repudió a los "cabecitas negras" ni tildó de "aluvión zoológico" a los proletarios reunidos en la Plaza de Mayo para aclamar a su líder; que jamás llamó "tirano prófugo" al presidente depuesto; que nunca gritó aquello de "viva el cáncer", ni llamó a la santa laica "la rea", va siendo hora de proponerle que, con su fiel flete alazán, asuma la responsabilidad de entregar un manifiesto femenino a la señora Kirchner, pero cabalgando desde Salta a Buenos Aires, como lo hizo en la década de los cuarenta una verdadera peronista: la señorita Angélica Moreno Lobo, conocida por su hazaña ecuestre desde entonces como "La Culo i Fierro".Puede que a la señora Diez no le cuadre muy bien el apodo de "La Culo i Fierro", pero reconociendo su acendrado y sorprendente peronismo, convendría pensar si no le conviene, de hoy en adelante, llevar el mote de "La Cara i Fierro".