El diario El Tribuno de Salta, situado claramente en la vanguardia opositora al gobierno de Urtubey y devenido en uno de sus más implacables críticos, publica hoy una extensa entrevista a la Ministra de Derechos Humanos del gobierno provincial, señora Marianela Cansino. La entrevista llama la atención, no solo por el inusual esmero que ha puesto la funcionaria al detallar los aspectos más salientes de su currículum profesional -que, a su juicio, certifican su ideoneidad para el cargo que ocupa- sino por el hecho de que su Ministerio -y más concretamente su aparato de prensa- viene desplegando desde hace tiempo en las redes sociales una intensa y feroz campaña de desprestigio en contra del propio diario El Tribuno y de su propietario, el senador Juan Carlos Romero.
De golpe, para el Ministerio de Derechos Humanos de Salta -urgido por la imperiosa necesidad de reflotar la maltrecha imagen de su titular- El Tribuno no es ya ese medio que practica el periodismo más rancio y amarillento, ni el malvado poder fáctico que ejerce como portavoz de la oligarquía lugareña y polea de transmisión del crimen organizado, y es, a la vez, el culpable de todos los males que aquejan a los salteños, sino un medio creíble, veraz, honrado, transparente y honorable.
Todo ello, a pesar de que el diario no ha variado ni un ápice su postura hipercrítica con el gobierno provincial y la figura de Urtubey, y a pesar también de que el Ministerio de Derechos Humanos no ha renunciado a insultar y a menoscabar la figura -por cierto, bastante decadente- del senador Juan Carlos Romero.
La entrevista en sí misma supone un coste enorme para las dos partes enfrentadas, toda vez que la comprensible angustia que atenaza a la joven ministra -de cuya preparación y buenas intenciones no cabe dudar- le ha llevado a cometer el error de defender su formación y su experiencia como cartas de aval para el desempeño del cargo, cuando hasta el salteño más corriente sabe que para desempeñar un cargo de tal naturaleza, en cualquier gobierno y no solo en éste, solo basta con la confianza del Gobernador.
Es cierto que la señora Cansino ha recibido ataques injustificados y que ha sido objeto de comentarios que muchas veces no hacen justicia con su trabajo, pero una persona inteligente, que aspira a desenvolverse con éxito en el mundo de la política, sabe o debería saber que el político vive en un mundo público de calumnias, distorsiones e insultos y que el buen político debe aprender a tragarse su orgullo.
Probablemente a la ministra le haga bien saber que muchos de estos ataques no son personales, puesto que se dirigen al gobierno del que ella forma parte y que unas veces están justificados en el carácter inane del Ministerio cuyas riendas ha aceptado y, otras, en la malévola agresividad y desprecio por las formas, la buena educación y el lenguaje civilizado del que hacen gala sus bufones en Twitter. Pero nunca dirigidos a menoscabar sus cualidades personales o su honorabilidad, que, a estas alturas, nadie debería discutir.
Quizá la señora Marianela Cansino -no la ministra sino la ciudadana- en lugar de departir con periodistas de El Tribuno (que poco favor le hace a su impactante currículum) debería encerrarse en una habitación silenciosa a repasar algunos pasajes de la vida de Abraham Lincoln, especialmente aquel en el que el insigne político decía: «El hombre no tiene tiempo para malgastar la mitad de su vida en peleas. En cuanto un hombre deja de atacarme, no vuelvo a recordar el pasado contra él».