Sobrepasado por una realidad virtualmente inmanejable, Urtubey ha efectuado una desesperada exhortación a sus ministros y secretarios de Estado: ¡Salgan a los barrios! La razón hay que buscarla en el imparable avance del Partido Obrero de Salta, cuyos cuadros y militantes, expertos en el proselitismo y la seducción ideológica puerta a puerta, están poniendo en serio entredicho el supuesto idilio entre el gobierno y sus imaginarias bases populares.
En las más altas instancias del gobierno se percibe que Urtubey y el Partido Justicialista de Salta están perdiendo la batalla por la izquierda, de modo que el imperativo de la hora es neutralizar la insidiosa pero muy eficaz prédica del Partido Obrero, llevando las oficinas del gobierno y a los funcionarios en persona hasta los más recónditos barrios.
El que se dio cuenta primero del peligro rojo que avanza por la izquierda fue el intendente Miguel Isa, quien en un arrebato populista que apenas si registra precedentes en la historia institucional de Salta dijo que prefiere tener funcionarios que "salgan a la calle" en vez de criar burócratas que rápidamente se cobijan en la comodidad de sus despachos.
Si la política de Isa da resultado, pronto gobernarán la ciudad los agentes de tránsito y los inspectores de bromatología, quienes a base de gastar las suelas acumularán poder y desplazarán a arquitectos, ingenieros y abogados que, por definición, necesitan desarrollar sus trabajos técnicos en recoletos gabinetes de estudio y no en el cordón de la vereda.
Los que, obedientes a la orden del jefe, ya salieron a los barrios fueron el Ministro de Gobierno, Eduardo Sylvester, y la de Derechos Humanos, Marianela Cansino. El primero con la solemnidad de un desfile mussoliniano; la segunda con el desenfado de la pasarela del Cerrillos Fashion Week.
Pero la última y más sonada incorporación a las rondas ministeriales por los barrios es la del Ministro de Trabajo, Eduardo Gustavo Costello, quien hoy mismo ha anunciado el comienzo en barrio Solidaridad de un programa gubernamental que lleva un nombre originalísimo: “Trabajo con la gente”.
Según la comunicación oficial, este programa no es cualquier cosa sino nada menos que un intento de «acercar a los ciudadanos en sus lugares de residencia o trabajo, todos los servicios de la cartera laboral».
Costello ha montado un kiosco en el que se apiñan abogados, funcionarios de los programas de Trabajo Infantil, Personal de Casas Particulares, departamento de Reclamaciones Individuales, Fiscalización, entre otros 'servicios'.
En este kiosco -un gacebo mal atado, con dos mesas y cuatro sillas- el ministro Costello tiene previsto celebrar actos de conciliación, con y sin avenencia, recibir preavisos de huelga, atender a las cúpulas de los sindicatos 'de esquina', tramitar recursos de alzada y realizar un sinfín de trámites que, a buen seguro, facilitarán enormemente la vida de unos ciudadanos, que podrán inundarse, no tener agua, pavimento, luz, servicios sanitarios, ni salarios suficientes para afrontar la suba de los precios, pero que tendrán a todo un equipo de expertos laborales en la esquina del barrio, prestos a solucionar cualquier problema jurídico.
Vecinos de Solidaridad temen que las lluvias que se están registrando en esa zona de la ciudad acaben rápidamente con el frágil gacebo laboral de Costello y que la experiencia de "Trabajo con la Gente" se suspenda repetidamente por mal tiempo, como está sucediendo con el malhadado "Carnaval de la Patria Grande".
Dicho en otros términos, que el gobierno de Urtubey ha comenzado a trasladar su ineficiencia de las oficinas públicas a la calle, lo cual, bien visto, constituye una gran operación de sinceramiento y una importante contribución a la transparencia democrática.
Mientras todo esto sucede, el Partido Obrero se agarra la panza de risa.