María Silvia Pace: Entre los desayunos de trabajo y las bacanales de Estado

Pace y las bacanales de EstadoCuando en una mesa de trabajo del gobierno, los platos de masitas y sandwiches ocupan más espacio que los papeles y los documentos importantes, estamos ante una señal inequívoca de que la sensualidad le ha ganado una batalla a la razón.

Si observamos con atención la fotografía de la reunión mantenida por la Ministra de Derechos Humanos del gobierno de Salta, señora María Silvia Pace, veremos que alguno de los asistentes debe sujetar su carpeta con las manos en el aire, porque el lugar en la mesa supuestamente reservado para apoyar sus papeles está ocupado por los siguientes "activos" gubernamentales: dos copas de cristal, tres servilletas de papel, una botella PET de agua y dos suculentos platos de masitas.

Es que no solo falta lugar para las cosas importantes en esta mesa: los asistentes a la reunión tampoco ven con buenos ojos que sus proyectos, sus documentos, sus agendas y sus materiales de trabajo entren en contacto con esa amenzante nube de azúcar impalpable que rodea a las masitas y que al volver a sus respectivos despachos tengan que andar despegando papeles unidos por motas de dulce leche y pastelera o ahuyentando moscas de sus portafolios.

Así, de esta forma tan copiosa y espléndida recibe la Ministra de Derechos Humanos a quienes visitan su despacho; excepto por supuesto a los pobres y a quienes se manifiestan por sus derechos, que no son convidados ni siquiera con un yerbeao, y que en la mayoría de los casos terminan siendo ahuyentados del lugar con malos modos.

Puede que alguno de los asistentes -sobre todo los más golosos- vean en el gesto de la ministra un detalle amistoso. Pero, desde el punto de vista de la más estricta buena educación, semejante despliegue de comestibles en una mesa de trabajo se antoja una orgía con mucho desorden y tumulto; es decir, un insulto a la dignidad del visitante.

Lo peor, es que mientras los sufridos legisladores del Frente para la Victoria apenas si encuentran un hueco en la mesa para poder desplegar sus instrumentos de trabajo, la única que disfruta de espacio para sus papeles es la Apuntadora Mayor del Reino, Sor María Silvia Della Pace (e della Guerra).

Basta con un sencillo decreto para prohibir definitivamente este género de exhibiciones obscenas en las mesas del gobierno o para sustituir los imperiales y las masitas por unos bonos canjeables por empanadas y porciones de pizza en los puestos del Mercado San Miguel.

Como se puede apreciar en la foto, las masitas están más cerca de los visitantes que de la ministra. Se supone que entre quienes acuden a visitarla hay personas enganchadas al azúcar o necesitadas de fuertes dosis de glucosa. No es el caso de la ministra Pace, que en vez del azúcar prefiere el vinagre, y en forma directamente endovenosa, a ser posible.