¿Fueron Güemes, Ragone y Xamena gobernadores democráticos?

Miguel RagoneLa democracia es un sistema de gobierno, no un periodo histórico. Por tanto, antes de celebrar "al primer Gobernador de la democracia" en Salta tenemos que hacernos algunas preguntas fundamentales. Básicamente dos: ¿existió la democracia antes de 1983? y ¿existió la democracia después de 1983?

Si a la primera de estas preguntas damos una respuesta negativa, automáticamente estamos desconociendo el carácter y la cualidad democrática de algunos hombres que gobernaron esta Provincia antes de 1983.

Estaríamos desconociendo, por ejemplo, la legitimidad democrática del General Martín Miguel de Güemes, quien, en tiempos en que la democracia era solo una "idea extranjerizante" y hasta cierto punto snob, se esmeró en practicarla de una forma muy particular: uniendo el apoyo popular a un ideal de justicia que le empujó a gobernar en interés de los gobernados y no del suyo propio.

Desconoceríamos también el profundo carácter democrático del gobierno de Carlos Xamena, el primer y único Gobernador de Salta perteneciente al movimiento obrero, que abanderó otra lucha por la justicia y la igualdad de oportunidades en una tierra signada fatalmente por la inequidad y los privilegios de clase.

Cometeríamos, finalmente, una injusticia histórica con Miguel Ragone, que recuperó la democracia para Salta con armas limpias y que restituyó la vigencia de unas libertades hasta entonces ahogadas por los sucesivos regímenes militares.

Se podrá decir -claro está- que ni Güemes, ni Xamena, ni Ragone llegaron a desempeñarse en "democracias plenas", porque las suyas fueron democracias parciales, sesgadas y recortadas, en las que no existió la participación ciudadana sino a medias y en donde las libertades públicas eran un sueño a alcanzar.

Todo esto es cierto. Pero ¿fue mejor la democracia que se instauró en Salta a partir de 1983?

En absoluto. Baste recordar que entre agosto y diciembre de 1983 el peronismo salteño sufrió una importante fractura y una parte significativa del mismo resultó excluida de las elecciones generales celebradas aquel año. La legitimidad constitucional es condición necesaria pero no suficiente para alcanzar la legitimidad democrática.

La reconstrucción del sistema de libertades fue lenta y trabajosa; el proceso -aún hoy- se encuentra inconcluso. El gobierno surgido por elección popular a finales de 1983 tenía más rasgos autoritarios y oligárquicos que los que cualquier democracia moderna podría tolerar.

La democracia de Salta no tiene dueños ni pioneros. Como todas las demoracias del mundo, la salteña es un acervo colectivo, una construcción social, que -con todo y sus evidentes defectos- ha sido edificada desde la base hacia la cúpula; nunca a la inversa.