Qué raro es todo esto… Luego de la super interna justicialista –denominada PASO- del domingo 6, los diputados volvieron a clases a ganarse el pan con el sudor de sus lenguas. Como casi todos los martes, de regreso a casa prendo la radio y escucho la sesión de esa Cámara para enterarme en qué anda la buena muchachada. Un ejercicio necesario, lo aseguro.La que dicen escribanía del Ejecutivo (no solo de este, sino de los últimos 20 años) no se caracteriza por debates sustanciosos a la hora de proponer y votar leyes (por caso, 27 años de demora para aprobar la ley de creación del Consejo Económico y Social). De modo que declaraciones, recordatorios y homenajes varios permiten conocer al menos cuál es la formación/orientación ideológico-doctrinaria de cada representante del pueblo salteño. [Me estoy preparando para la del próximo martes, a propósito del 12 de Octubre, que presumo sin desperdicio]. Anoche descubrí que buena parte es guevarista declarada, no diré para mi asombro pues ya nada asombra y además siempre consideré que son contados los de línea argumental homogénea. No podía ser más propicio el día de sesión: la víspera del cruel asesinato, 46 años atrás, de Ernesto Che Guevara. Así, fueron desfilando uno en fila varios legisladores, todos los cuales –me parece- llegaron a sus bancas de la mano del PJ y vecindades. En arenga más propia de estudiantina de comedor universitario, cada cual fue desgranando su parecer sobre el héroe, sus triunfos (?), su ignominiosa derrota final en La Higuera que le costó la vida y su postrer legado (¿sus escritos económicos?). Advocaciones a las luchas populares, masas, imperialismo, Latinoamérica, revolución y demás retórica ad hoc, sin un dejo de autocrítica por parte de estos epígonos, y, lo que es peor, sin el menor esbozo de relacionar esa sagrada herencia con el mundo de la pos-globalización que se está instalando con reglas de juego distintas. El Muro de Berlín, la implosión de la URSS, la sangría de los Balcanes, los callejones sin salida de Cuba y Corea del Norte, nada aportan, nada significan, nada inciden.
Por suerte hubo quien –exhibiendo en la frente, como el as de espada, su reciente 20 %- salió al rescate del ícono poniendo las cosas en su lugar: ¡el Che murió trotskista, señores!, y luego de aprehender que en países coloniales o semicoloniales como los nuestros, la revolución permanente, palabras más palabras menos, significa que “[…] tan solo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas” (LT, segunda tesis), a sangre y fuego si fuera menester. Así le fue. El diputado no citó esa frase, aclaro, escuchándolo recordé el concepto y lo saqué del libro insignia de don León.
[Tiene bastante razón, dije para adentro luego de la arenga, el abandono paulatino de su marxismo-leninismo ocurrió cuando desde el Kremlin presionaron a Fidel para que lo sacara de la Isla, pues Guevara complicaba su juego estratégico en el marco del nuevo relacionamiento con Estados Unidos, superada la Crisis de los Misiles].
El consentimiento, al parecer, fue generalizado. ¿Quién podía enmendarle la plana al taita que hizo pata ancha en arrabales como Tres Cerritos, la cuadrícula que va por el faldeo de ambos cerros desde la Terminal al Shopping y la ex Virrey Toledo y los barrios de clase media-media del norte y sur? El recinto se tiñó de verde oliva y con olor a moho. El resto fue silencio.
¡Ay, General, qué profético aquel chascarrillo suyo, cuando distinguiendo entre derechas e izquierdas sentenció que además peronistas son todos! ¿Acaso el kirchnerismo produjo la síntesis, finalmente? ¿Qué dirán a todo esto los pejotas reales e históricos que quedan? Raro todo, ¿no es cierto?