'El Milagrito' de Campo Santo congrega a una multitud de fieles en procesión cívico militar

Milagrito en Campo SantoEn Salta, como en muchas otras partes del mundo, ni lo civil ni lo militar están reñidos con lo religioso. Pero, a diferencia de otros países, las esferas civil, religiosa y militar están más confundidas en Salta que en cualquier otro lugar civilizado del planeta.

Así lo pone de manifiesto la celebración, el pasado fin de semana, del “Milagrito” de Campo Santo, una fiesta religiosa en la que las manifestaciones de fe más importantes son, por este orden, la multitudinaria procesión, el colorido desfile cívico-militar y el no menos colorido festival de fuegos artificiales.

La confusión entre santos, soldados, funcionarios y cohetes es tal, que no se sabe si la presidencia de la Fiesta corresponde al Arzobispo de Salta, al Vicegobernador de la Provincia, al Comandante de la Vª Brigada, o al gerente de la empresa Monterrichel Hermanos.

La procesión partió en horas de la tarde de la iglesia Nuestra Señora de la Candelaria de Campo Santo, y tras recorrer las principales calles del pueblo, retornó frente a la plaza principal, en donde el señor Arzobispo renovó, por enésima vez durante la actual temporada de zonda, el Pacto de Fidelidad.

Dice el parte oficial del Vicegobernador que, con posterioridad (a la renovación del pacto), “pueblo, clero y autoridades participaron del desfile cívico militar, con una nutrida presencia de alumnos de establecimientos escolares, fortines gauchos y otras organizaciones sociales”.

De lo que se deduce que lo de desfile cívico militar se queda un poco corto, ya que en realidad se trató de un desfile cívico-militar-eclesiástico-social-educativo. Vamos, que desfilaron hasta los árboles de Campo Santo.

La ceremonia tuvo un remate espectacular, no solo por los fuegos artificiales (en este caso, no urkupíñicos) y los pañuelos blancos, saludando el ingreso de las imágenes al templo, sino por las sentidas palabras del vicegobernador Zottos, quien intentando enmendar la plana al Arzobispo, se sacó de la chistera la renovación de otro pacto: “el de nuestro compromiso de trabajo conjunto y sin banderías políticas”. Es decir, un pacto impregnado de paganismo y de idolatría.

Con lo cual, la ciudadanía comienza a tener la sospecha que los dos más grandes “renovadores” de Salta son el ya mencionado Zottos (presidente del partido homónimo) y el Arzobispo monseñor Cargnello, que ya lleva enhebradas unas cinco renovaciones del Pacto de Fidelidad: tres antes del ventarrón y dos después del mismo.