17 obreros rurales de Las Lajitas vivían hacinados en taperas hechas con bolsas de silos

Inspectores de Trabajo del gobierno de Salta iniciaron actuaciones contra una empresa agrícola de Las Lajitas, Departamento de Anta, que mantenía a 17 trabajadores en precarias condiciones de higiene y seguridad laboral.

Los trabajadores fueron abordados por un piquete de inspectores encabezados por una morocha zurda de espectacular cabellera. De los 18 trabajadores interrogados 17 de ellos se encontraban allí realizando tareas de desmonte en «situación irregular».

Según se hizo constar en el acta labrada durante el procedimiento, ninguno de los trabajadores disponía de «elementos de seguridad personal»  (sic). La autoridad se refiere a elementos de seguridad "en el trabajo" (cascos, máscaras, guantes o botas) y no cachiporras, navajas o puños de acero.

El acta también recoge que los trabajadores moraban “viviendas tipo taperas realizadas con bolsas de silos y hacinados”, incumpliendo así el empleador lo preceptuado en el artículo 24 de la ley 26.727, que regula la actividad agraria.

Preguntados por la morocha de profusa cabellera rizada sobre las condiciones ambientales de su prestación laboral, los trabajadores manifestaron que el empleador tampoco les provee de agua potable, ni de alimentos ni de transporte. Lo cual, a juicio de los inspectores, configura una infracción a los artículos 27 incisos a y b; 28 y 31 del Nuevo Estatuto del Peón Rural.

A estas alturas de la inspección era ya altamente improbable que los trabajadores dispusieran de baños o de instalaciones sanitarias medianamente decentes. Igualmente, preguntados por estas "comodidades", respondieron casi al unísono que todos debían hacer sus necesidades en el campo, de la misma forma en que las realiza el simpático perrito que estuvo presente durante la diligencia indagatoria y que al cabo de la misma firmó el acta como testigo.

Tras la actuación inspectora, se dio traslado del atestado a la empresa para que efectúe el descargo pertinente y proceda a regularizar la situación de los trabajadores como así también a respetar las normas de seguridad e higiene.

Si bien los trabajadores se manifestaron encantados con la morocha inspectora, dan por hecho que serán despedidos; que al empresario le saldrá más barato abonar las multas correspondientes que construir viviendas en condiciones, proporcionar baños y realizar los aportes previsionales correspondientes. Descuentan que tras el despido, el empresario contratará a otros incautos para explotarlos.

Con lo cual, el peonaje rural de Las Lajitas tiene asegurado que la atractiva morocha de los interminables rulos los visitará más seguido.