Que el área gubernamental que se ocupa en Salta de los asuntos del turismo está manejada por aficionados no es una novedad. Pero sí lo es el hecho de que las cifras que cada tanto estos aficionados difunden para dar a entender que el turismo en Salta funciona de maravillas hayan perdido precisión y seriedad. Hace un tiempo, cuando de estas cosas se ocupaba Federico Posadas -un cuantificador formado en el empirismo más puro- los salteños sabían con cierta aproximación qué porcentaje de turistas provenía de Jujuy o de Catamarca; cuántas noches dormían los porteños o cuántas empanadas se comía un alemán junto al canal de la Esteco. Con encuestas adecuadas incluso era posible saber cuántos perros callejeros circulan por el centro de la ciudad o la cantidad de turistas extranjeras que fueron sometidas a tocamientos impúdicos.
Ahora las cifras son vagas y, en muchos casos, ni siquiera son cifras sino más bien suspiros de satisfacción o cálculos a ojo de buen cubero.
El último "parte" elaborado por las autoridades del turismo salteño dice que en la ciudad capital, durante el pasado fin de semana largo, el promedio de ocupación hotelera superó el 90%.
No hay razones -aritméticas, por lo menos- que impidan expresar un porcentual en términos exactos: por ejemplo, un 96,8 por cien.
Tanto es verdad lo anterior, como que en el mismo parte se afirma que el famoso y denostado Hotel Termas de Rosario de la Frontera registró, en el mismo periodo, un promedio de ocupación del 97%. ¿Por qué entonces no conocer la cifra exacta de ocupación en los hoteles de la ciudad de Salta? ¿Es que las calculadoras funcionan mejor en Rosario de la Frontera?
Más preocupante es sin embargo la "cuantificación" de la actividad en los llamados "destinos del interior" (alrededores de Salta, Cachi, Cafayate y Cabra Corral) en donde, según los expertos en turismo del gobierno se registró «un interesante movimiento turístico».
¿Qué considera el gobierno de Salta como «interesante»? Nadie lo sabe; aunque es muy probable que la categoría de «interesante» aparezca recogida en el baremo de la Organización Mundial de Turismo.
Todavía más complicado es el panorama en las líneas aéreas, ya que las compañías al parecer ya no tienen dinero para pagar a las sobrecargo para que cuenten a ojo cuántos asientos del avión se han ocupado.
Para el gobierno de Salta, las líneas aéreas que vuelan a Salta «tuvieron muy buena ocupación de sus vuelos», el viernes y sábado.
Así pues, cuando Salta se siente en los grandes foros nacionales del turismo a competir con Tucumán o con Iguazú, nuestros funcionarios siempre podrán decir que los niveles de actividad en Salta son «más que interesantes» y que nuestros aviones, hoteles y restaurantes registran una ocupación «de puta madre», con lo cual nos colocaremos inmediatamente a la vanguardia del turismo nacional e internacional, sin gastar en producir ninguna cifra.
¡Esto es economía y no macanas!