La misa zafrera y los 'trapicheritos' desnudan el estado de las relaciones laborales en Salta

La empresa privada más importante de la Provincia de Salta es también la empresa más conflictiva, la que más horas de producción ha perdido por huelgas salvajes y conflictos laborales de la más variada etiología.

Pero al mismo tiempo -y aunque resulte a primera vista paradójico-, es la empresa en la que el conflicto social y las tensiones entre el capital y el trabajo han traído más progreso y permitido a los obreros alcanzar más conquistas laborales.

A pesar de esta constatación más que evidente, el presidente de Tabacal Agroindustria, señor Hugo Rossi, apuesta -según sus propias palabras- porque el trabajo de la compañía se desarrolle «en armonía, paz y concordia».

Los esfuerzos empresariales por negar el conflicto social inmanente han llegado a extremos realmente curiosos en el ámbito de la actividad azucarera que se desarrolla en el norte de nuestra Provincia.

Por ejemplo, la celebración de una misa -llamada de Fin de Zafra- a la que asiste prácticamente medio mundo para dar gracias al Altísimo por que -¡atención!- «pese a las adversidades registradas como consecuencia del clima, fue posible culminar el ciclo productivo sin otros conflictos que entorpecieran aún más las operaciones».

La frase, que es transcripción literal de un pasaje del comunicado de prensa distribuido ayer a los medios por la empresa Tabacal Agroindustria, revela hasta qué punto la ausencia de conflicto no depende tanto de los mortales sino que está en manos de Dios, al igual que sucede con los otros «conflictos»  que, según se desprende del parte, son los que promueven las fuerzas de la naturaleza.

A la Misa de Fin de Zafra no solo han asistido los directivos de la empresa para dar gracias a la divinidad por la consolidación de su cuenta de resultados.

Bajo el báculo señero del Obispo de Orán, Gustavo Zanchetta, que prácticamente se estrena en el cargo, también se han dado cita representantes del gobierno (el Ministro de Trabajo provincial, Eduardo Costello), de la judicatura (el Juez Federal de Orán, Raúl Reynoso), de los municipios vecinos (los intendentes Alfredo Llaya, de Embarcación, y Carlos González, de Hipólito Yrigoyen), de la Administración Federal de Ingresos Públicos (que al parecer calculan los tributos sobre el estipendio religioso y no sobre los beneficios empresariales) y de la Aduana.

Según la nota de prensa de la empresa, los bancos de la iglesia han estado abarrotados de «representantes del ámbito político, de la justicia, educativo, de la salud, del clero y fuerzas de seguridad, de medios de comunicación, productores cañeros, proveedores, contratistas, miembros de la comunidad, trabajadores de Tabacal y sus representantes».

Es decir, que salvo representantes del narcotráfico, el contrabando y la prostitución, auténticas fuerzas vivas de la zona, que se encuentran baneadas de antemano por razones obvias, las plegarias al Altísimo por una zafra copiosa y libre de conflictos han sido elevadas por prácticamente todos los sectores conocidos de la sociedad. Lo que se dice un desfile cívico-gaucho-militar-escolar, solo que en versión estática.

Pero la alegría de la empresa -que bajo la dirección de sus antiguos propietarios supo ser modelo y faro de la producción económica del noroeste argentino- no se detiene aquí.

El presidente Rossi ha celebrado tres hitos fundamentales de su labor gestora al destacar que, «más allá de los resultados productivos», la empresa tiene motivos alentadores que, a su juicio, «equilibran la balanza», tales como:

1) haber llegado a un acuerdo sindical sin conflicto (sic), sosteniendo el diálogo y el consenso, para la puesta en marcha del Plan de Viviendas de Tabacal que es financiado íntegramente con recursos de la compañía;

2) haber creado el nuevo Centro de Nutrición Infantil avalado por la Fundación CONIN que dirige el ínclito y ultrarreligioso doctor Abel Albino;

3) haber conseguido la apertura de Juegotecas constituidas como espacios donde los chicos desarrollan la inteligencia y habilidades sociales (entre ellas, la negación del conflicto, por supuesto) a través del juego; y

4) el fortalecimiento de los espacios de deporte y recreación, como el programa ‘Trapicheritos’ del Club Tabacal, creado para la enseñanza del fútbol y el bienestar y desarrollo físico y emocional de los chicos.

Es del caso suponer, que estos Trapicheritos -una especie de versión zafrera de los cuerpos de policía infantil- serán los futuros asistentes a las Misas de Fin de Zafra, y con un poco de tiempo llegarán a convertirse en activistas no conflictivos, armonicistas y cooperativos, que, con una educación adecuada, formarán las bases y los cuadros de un futuro sindicato amarillo.