La regulación de los servicios de taxis y remises en Salta se ha convertido en uno de los principales desafíos del equilibrio urbano y en un auténtico quebradero de cabeza para el gobierno. La ingeniera Adriana Pérez, que preside la Autoridad Metropolitana de Transporte, se enfrenta desde hace varios años a un escenario muy parecido a una jungla primitiva en donde rige la ley del más fuerte; por no decir que intenta poner orden en un caos generado a propósito por aquellos a quienes no les conviene que existan reglas claras.
Uno de los puntos críticos en esta materia es la distinción entre los servicios que prestan taxis y remises, cuya frontera se ha venido difuminando con el correr de los años, al amparo del crecimiento urbano y la permisividad gubernamental.
No sin esfuerzo y algún que otro disgusto, Adriana Pérez ha intentado separar la paja del trigo. Después de sacar a la luz una montaña de irregularidades en la concesión de las licencias, se ha dado a la tarea de dar a cada uno de estos servicios el lugar que les corresponde.
Pero las soluciones no terminan de convencer. Las tarifas diferenciadas, el color de la pintura de los autos o la diferente forma de solicitar los servicios no parecen suficientes para solucionar el problema.
Estudios recientes y no tan recientes revelan que muchos usuarios de estos servicios, en todo el mundo, experimentan una suerte de estrés muy intenso cuando abordan un vehículo y éste comienza a facturar la carrera con el taxímetro. Algunos llegan a sufrir auténticas crisis de nervios al ver que los números pasan sin parar y que aumenta continuamente el precio del viaje, especialmente cuando el vehículo está detenido -por ejemplo, en algún semáforo-, pero las fichas siguen cayendo, tal como si estuviese en movimiento.
El sistema de facturación basado en taxímetro, aunque de muy antigua data, supone para el usuario de estos servicios una incertidumbre mayúscula, incompatible con sus derechos de consumidor. Porque a pesar de los controles a los que periódicamente deben ser sometidos estos aparatos, la posibilidad de una alteración fraudulenta de su mecanismo ha sido siempre muy alta.
El usuario de un taxi o de un remise debe saber de antemano -es decir, antes de abordar el vehículo- el costo aproximado de su viaje, con todos sus adicionales y recargos posibles. De lo contrario, y por más que una mayoría de taxistas y remiseros trabaje honradamente, el riesgo de un abuso es muy alto y generalmente disuasorio para un potencial usuario del servicio.
El auxilio de la tecnología
En plena era digital, subirse a un taxi sin saber lo que uno terminará pagando al llegar a destino, es una antigüedad imperdonable.Por eso, una de las soluciones posibles para establecer una frontera clara entre los taxis y los remises en Salta pasa por el uso intensivo de las nuevas tecnologías.
Los remises, por ejemplo, deberían estar equipados con un dispositivo electrónico que permita calcular el precio final de la carrera, en base a la tarifa establecida, pero estimando la distancia a recorrer y los tiempos de espera con la ayuda de servicios públicos informatizados de mapas y estado del tráfico.
Esta información, que debería estar a disposición tanto del conductor como del pasajero antes de iniciar la carrera, podría perfectamente ser la base de la facturación final del viaje, en sustitución del cálculo de los taxímetros, que no solo es fuente de inexactitudes sino también de nervios y de estrés.
Nada de esto es ciencia ficción. Desde hace casi dos años, aplicaciones gratuitas como Bing Maps incluyen utilidades para calcular las tarifas de taxi, que permiten a los consumidores predecir el precio del viaje entre dos direcciones mediante la multiplicación de la distancia de la ruta por las tarifas conocidas y los tiempos de espera por las condiciones del tráfico.
De este modo, los consumidores pueden planificar con antelación su viaje antes de abordar un vehículo, para asegurarse de que están recibiendo el mejor trato y la ruta más rápida y directa.
En la India se ha desarrollado también un sistema de tarifas de taxi basado íntegramente en GPS, cuyo autor sostiene que es capaz de efectuar un "cálculo exacto" del precio del viaje.
¿Por qué no también en Salta?