Celosa de la belleza de su oponente, la agresora cual vengativa y cruel madrastra de Blancanieves, se dispuso a acabar, por la vía rápida, con las principales cualidades con que la naturaleza había dotado a la otra adolescente.Según la información del pequeño matutino salteño, la agresora abordó a su compañera a la salida del colegio y la atacó de forma sorpresiva, llegando a provocarle una herida cortante profunda en la región malar y otra de cierta gravedad en una de sus manos.
La menor de 17 años fue auxiliada y trasladada a la clínica Sagrado Corazón, en donde los médicos informaron que la joven ingresó con un corte profundo y una fuerte hemorragia. En cuanto a la agresora, la policía informó que fue detenida, como así también secuestrada la "trincheta" que utilizada para herir a su compañera.
Nada dice la crónica, en cambio, acerca del secuestro policial del famoso espejo parlante capaz de resolver las dudas estéticas de su propietaria con sólo mencionar las palabras mágicas "espejito, espejito".
No fue esta vez el veneno (preferido por la pérfida madrastra de Blancanieves) ni el ácido (como el que puso fin a una arrebatadora belleza de Moxos). Menos literaria, la celosa adolescente prefirió echar mano de un vulgar cutter para torcer los destinos de una elección de belleza estudiantil cuyo resultado parecía cantado.
Las competencias de belleza estudiantil tienen una larga tradición en Salta y son consideradas, incluso, una contribución importante al proceso educativo. Si bien la exaltación de la belleza -la femenina, en este caso- no parece entrar en contradicción con los valores que deben imperar en la educación obligatoria, convendría regular de alguna forma estas prácticas para ayudar a fomentar el compañerismo y desterrar la competitividad. El Estado, como garante de la igualdad de los ciudadanos, está obligado a velar porque en los establecimientos educativos no se produzcan situaciones de discriminación por razones estéticas, ni aun bajo la fachada de un "concurso de belleza".