En verdad, no hay mucho para analizar, puesto que el caso de Ábalos no es sino otro ejemplo más de la normalidad democrática que debería de imperar en nuestros municipios, muchas veces castigados por el tribalismo y la judicialización de la política. Es tan loable la insistencia democrática del veterano concejal como reprochable el hecho que desde su eterna posición minoritaria no haya logrado, en los pasados 18 años, poner coto a las ambiciones personales y a los esperpentos institucionales que lleva adelante su histórico némesis, el intendente Corimayo.Ábalos tampoco figura, de momento, en el Libro Guinness de los Récords, ya que sus 18 años de concejal, que los cumplirá en 2011, son ampliamente superados por los 22 años que lleva en el mismo cargo don Antonio Jesús Cordero Fernández, concejal del Ayuntamiento de Málaga desde 1987, electo siempre en las listas del Partido Popular. La diferencia está en que mientras Cordero está muy cerca de la jubilación por su edad, la carrera de Ábalos -antiguo discípulo del historiador cerrillano Paulino Arroyo- todavía tiene varios años por delante, si bien todo el mundo calcula que mientras siga el señor Corimayo sentado a sus anchas en el sillón de Serapio Gallegos, el futuro político de Ábalos estará signado por peso autocrático y personalista del eterno intendente, que -hablando de récords- es quien ostenta la plusmarca mundial de procesos penales abiertos en su contra.