Urtubey: Indignación sin vergüenza

  • Al gobernador Juan Manuel Urtubey le tocaba oficiar de portavoz de una sociedad avergonzada, porque un hecho de características tan primitivas como este haya ocurrido en un retazo del territorio provincial y afectado a ciudadanos iguales que nosotros.
  • Sentimientos equivocados

El penoso espectáculo de la distribución de la ayuda social a personas cuyos lugares de residencia se encuentran aislados a causa del aumento del caudal de los ríos del norte ha llevado al gobernador Juan Manuel Urtubey a la televisión, en donde se le ha pedido explicaciones.


Sin embargo, cuando una parte importante de los ciudadanos de su Provincia esperaba que el mandatario expresara ante las cámaras su vergüenza por lo sucedido -teniendo en cuenta que el caótico reparto de bienes a los necesitados se debe a las omisiones en que ha incurrido su gobierno- y asumiera algún tipo de responsabilidad (o anunciara que va a exigirlas), el Gobernador de la Provincia se limitó a mostrar su «indignación» por lo ocurrido, como si él o su gobierno no tuvieran nada que ver en el hecho.

«Fue indignante», repitió varias veces.

La verdad es que la situación que medio mundo ha visto en los vídeos que circulan por Internet es vergonzosa para la sociedad salteña en su conjunto y para cualquier salteño con un mínimo sentido del decoro y la decencia. Habría que preguntarse entonces por qué motivo esta situación no ha avergonzado al gobierno sino que le ha provocado «indignación».

Las imágenes hieren la sensibilidad humana y sacuden la conciencia cívica. La indignación es, por supuesto, uno de los sentimientos posibles frente a una situación como esta, pero de aquellos que no puede ser experimentado, alegado u opuesto por aquellas personas que, de una forma mediata o inmediata, son responsables de organizar la ayuda social de modo que no lesione la dignidad de las personas o ponga en peligro su integridad física.

Se debe aplicar aquí la vieja máxima del derecho civil romano Nemo auditur propriam turpitudinem allegans (nadie que invoque su propia torpeza puede ser escuchado).

La indignación del Gobernador de Salta puede ser legítima, pero es al mismo tiempo manifiestamente inútil para solucionar el problema o para encontrarle alguna explicación. No es él quien debe indignarse.

Al gobernador Juan Manuel Urtubey le tocaba oficiar de portavoz de una sociedad avergonzada o como jefe enfurecido de una administración que prodiga trato vejatorio a los ciudadanos. Vergüenza porque un hecho de características tan primitivas como esta haya ocurrido en un retazo del territorio provincial y afectado a ciudadanos iguales que nosotros.

Si lo que ha querido Urtubey era oficiar de portavoz de los indignados, eligió mal el lugar y peor el momento. Porque si el suceso ha provocado indignación -es lógico que la provoque- este sentimiento no se ha dirigido a la turba ni al piloto del helicóptero sino hacia el gobierno, que asegura tenerlo todo bajo control y hasta se da el lujo de pedirle «precisiones» al gobierno nacional, como si este estuviera en falta, pero que a la hora de la verdad se ve traicionado por la cámara de un teléfono celular encendido en medio de la nada, que deja al descubierto sus niveles de improvisación, su paternalismo y su desorganización.

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