El compadreo entre Scioli y Urtubey asegurará el futuro crecimiento de Salta

Según ese sagaz observador de la realidad política mundial que es el Ministro de Gobierno de Salta, si Daniel Scioli resulta electo Presidente de la Nación, la Provincia de Salta vivirá una inolvidable primavera de crecimiento y prosperidad.

¿Qué motivos tiene o tendría Scioli para poner a Salta en un pedestal, en primera línea de prioridades, por encima, incluso, de provincias más necesitadas? La respuesta es muy simple: es su amistad con Urtubey la que asegura que Scioli se ocupará de Salta como no lo hizo hasta ahora ningún Jefe del Estado, desde el Segundo Triunvirato integrado por Rodríguez Peña, Paso y Álvarez Jonte.

Esta afirmación tan peculiar -y tan suya del ministro Rodríguez- da a entender que la buena o mala estrella de poblaciones enteras, como la de Salta, depende del compadreo entre el Gobernador y el Presidente de la Nación. Si son compinches, resulta que todo irá como por un tubo. Al contrario, si no se pueden ni ver, la suerte de los salteños estará echada. ¿Es ésta la visión del federalismo que sustenta Scioli? ¿Un federalismo «de amigos»?

Si realmente esto funcionase así, de un modo tan primitivo, se podría decir que durante los últimos ocho años Urtubey no consiguió hacer amistad suficiente con la presidenta Kichrner, teniendo en cuenta los gravísimos desarreglos que padece la Provincia de Salta. Tal vez Urtubey estuvo flojo cuando no invitó a la señora Kirchner a cenar cuando la Jefa del Estado abandonó su periodo de luto obligatorio.

No hay absolutamente nada que asegure que Salta será una prioridad para Scioli. Desde luego, su amistad con Urtubey no justificaría ningún privilegio especial. Al contrario, esta amistad volvería automáticamente ilegítima cualquier preferencia.

¿Alguien se imagina que la educación de los niños salteños, la salud de nuestros mayores y la seguridad de todos dependan de los vaivenes de la amistad entre Scioli y Urtubey? Bastaría en ese caso una mínima desavenencia entre ambos para que los salteños cayéramos en desgracia en cuestión de pocas horas. Mañana Scioli se hace amigo de los mendocinos, y chau Salta.

Por otro lado, las regiones postergadas no se desarrollan de la noche a la mañana. Se necesitan para ello políticas y recursos que ni Urtubey ni Scioli -juntos o separados- están en condiciones de afrontar y desarrollar. La idea de una Salta desarrollada en un país territorialmente desigual y disperso puede excitar la sensualidad de gente como el ministro Rodríguez, pero no convencer a los que desean una Argentina cohesionada, que reparta equitativamente los beneficios del crecimiento y que no distribuya prebendas y negocios por el compadraje de sus líderes.