Entre broncas y sollozos, el sargento Rehhagel ordenó a su tropa helena desplegar un operativo cerrojo alrededor de su propia área. Al frente de las operaciones colocó al gigante Sotirios Kyrgiakos (que no desciende de Solón sino del Liverpool) y mandó al frente a una avanzadilla de destructores constituida por los pesadísimos Papadopulos y Papastahopoulos, cuya única misión fue la de cazar los talones de Messi y, si acaso, fagocitar como pac-mans cuanta camiseta azul osara acercarse a la zona. Al rígido sistema del alemán sólo faltó la aportación de nuestro polifacético comprovinciano Paputsakis (y su famoso secador de cabellos) o la de la dupla de centrales tartagalenses integrada por los hermanos Zottos (Christo y Andrés Kostas), o de la abogada Kyrgyakos (activista de los Derechos Humanos). Con ellos hubiera completado una defensa griega inexpugnable, ya que en la cancha se vio que no era suficiente la aportación del malhumorado capitán Karagounis, siempre dispuesto a protestar ante el mínimo soplido del rival.
Curiosamente, mientras era Grecia la que repartía cera con estopa, con pataditas cortas y tenazas de estilo greco-romano a los pies y brazos de Messi, fue la misma escuadra helena la que sufrió más bajas en sus filas.
El primero en marcharse fue el protestón Karagounis, a quien se vio cojeando (y reputeando) cerca del banquillo de su equipo. Luego le siguió Katsouranis y un tercer jugador cuyo nombre no recuerdo ahora, pero que abandonó el terreno de juego en muy malas condiciones.
Duros, muy duros, deben ser los ágiles de Maradona, porque en la refriega ósea propuesta por los helenos, fueron éstos -y no los nuestros- los que se llevaron la peor parte.
Algunos chocaron con esos gruesos quebrachos que son las piernas del Kun Agüero, mientras otros se estrellaban contra las humanidades de Burdisso, Clemente, Otamendi, Demichelis, y hasta Verón, que son jugadores en apariencia frágiles pero a los que ayer se les vio capaces de resistir cualquier embate de la tropa de Alejandro Magno.
Entretanto, los amantes del fútbol estábamos a merced de la ciclotimia maradoniana, que nos hace pasar del bilardismo al menottismo sin transiciones que amortigüen la sensación de vértigo. Ayer se vio más que nunca la influencia en la cancha del galeno platense apodado "El Narigón". Mucho balón retrasado, muchos toquecitos de Bolatti, muchos pasesitos cortos de Verón, muchas calesitas de Maxi Rodríguez, y muchas (pero machas) mechas al viento de Demichelis. Poco más que esto se vio en la primera parte.
Con Messi atrapado en un ágora bastante poblado, sólo nos quedaban las arrancadas del Kun, que en algún arreón casi lo consigue, y los movimientos del "rey del desmarque" Diego Alberto Milito, que hizo un par de fintas, pero que se quedó en promesas.
Grecia no modificó su patrón de juego defensivo ni aun cuando el resultado de Nigeria-Corea del Sur los dejaba eliminados del torneo. Fieles a la tipología de Aristóteles, pero contrariando sus postulados, los griegos escaparon deliberadamente de la polis (esto es, del fútbol civilizado) y ya se sabe que fuera de la polis sólo pueden vivir los dioses y las bestias.
El equipo de Rehhagel, más cerca de estas últimas que de los primeros, se confió a la buena estrella de su arquero Tsorvas (también conocido como "el griego") y al duelo de cabelleras flameantes entre el flaco Samaras y el espigado Demichelis, que, por cierto, casi nos cuesta un susto cuando el cordobés resbaló y le regaló al mechudo griego un agujero más grande que el anfiteatro de Cafayate.
Ayer volvió a ser San Córner para la Argentina, y en otra jugada a balón parado, Demichelis la embocó con un furibundo disparo de zurda, que significó el 1 a 0 para el conjunto nacional. El primer Martín aparecía así en escena.
Después de la conquista, el cerrojo de Rehhagel pareció evaluar su regreso a la polis del fútbol, pero las dudas le duraron diez escasos minutos. Un tiempo que fue aprovechado por el rapaz Leo Messi, que hizo un par de diabluras, no a su altura, pero sí a la del partido, que no necesitaba de más florituras ni de arriesgar innecesariamente la osamenta de los nuestros.
En una de esas escapadas, el mejor jugador del mundo se sacó de la nada, como es su costumbre, un bombazo que Tsorvas el Griego rechazó con dificultad hacia su izquierda. Pero -¡vaya casualidad!- allí estaba el otro Martín del partido -Palermo- que en su tardío debut en un Mundial, marcó paradójicamente con su pierna mala, pero con un tiro súper bueno, esquinado, abajo, inatajable, como mandan los cánones.
Y mientras todo esto sucedía en el terreno de juego, en el banquillo Maradona, con barba de Sierra Maestra y traje de "Los Chunguitos", seguía jugando al truco con Satanás. Por suerte, en este pulso desigual y suicida entre D10S y el diablo, es el astuto entrenador de Villa Fiorito el que está ganando la partida.