La ley del Off-Side

Carlitos cada día canta mejorDe todas las que integran oficiosamente nuestro derecho positivo, posiblemente la más injusta de todas las leyes sea la perversa y odiosa Ley del Off-Side.

Desafortunadamente, esta ley no se estudia en nuestras Facultades de Derecho sino en los cursillos que dicta la AFA para árbitros y entrenadores, lo que -bien visto- es poca cosa.

Si esta perversa ley fuese objeto de reflexión por los juristas, no caben dudas de que las injusticias que se cometen en su nombre podrían (y deberían) ser enmendadas por los tribunales ordinarios. Pero la misma ley (o el conjunto de normas en el que se integra) prohibe sacar de contexto las cuestiones deportivas, cuyas controversias sólo han de ser juzgadas por árbitros legos y por comités igualmente ajurídicos.

Para lo único que sirve la Ley del Off-Side es para hacer bueno el dicho aquel de "hecha la ley, hecha la trampa", pues, a partir de su entrada en vigor, todo el mundo sabe que algunos equipos se dedican a planear minuciosamente cómo hacer caer al contrario en "la trampa del Off-Side".

Los mismos diputados argentinos que han impugnado judicialmente la Ley de Medios, o el gobierno que se ha agraviado por leyes recientemente sancionadas por el Senado (al que no controla) deberían estar también legitimados para acudir a los jueces federales y pedirles que declaren la nulidad insanable de la Ley del Off-Side, por dogmática, por abstracta, por colisionar con derechos fundamentales, por atentar contra el debido proceso adjetivo y, de paso también, por genocidio.

O hacemos eso o mandamos a nuestro embajador en México a pedir disculpas públicas, como lo hizo el presidente Sarkozy cuando la Selección de Francia -ya apeada de este Mundial- le marcó un gol a Irlanda después de que su delantero Thierry Henry controlara la pelota con la mano.

¡Vaya un pollo por tantas gallinas! clamarán los eufóricos hinchas argentinos, acostumbrados a que ciertos partidos de la Selección de Brasil se resuelvan con las manos: Si no es por las manos de sus delanteros (Tulio, Luis Fabiano y un largo etcétera), lo será por las "manos" que históricamente la verdeamarelha de los árbitros y de la FIFA. Porque "mano de Dios" sólo hay una (trinus et unus).

¿Qué persigue la prensa cuando denuesta a la Selección Argentina por haber convertido su primer gol en Off-Side?

Lo cierto es que estas críticas sólo sirven para mostrar el plumero, porque cuando la misma Selección es víctima de chocantes y mucho más injustos errores arbitrales, la prensa que hoy nos critica es la primera en esconderse, sin defender ni por asomo la limpieza del juego ni la transparencia de los arbitrajes.

Lo que corresponde, ahora que el error no se puede enmendar, es felicitar a esos bravos y leales jugadores mexicanos, y a su entrenador, que se han aguantado a pie firme la injusticia, con un juego por momentos brillante y superior al nuestro. Estoy seguro de que de haber sido otra la selección perjudicada (estoy pensando en una, concretamente) esta es la hora en que las trifulcas no sólo tendrían por escenario el banquillo de los suplentes.

Quienes pretenden comparar el gol ilegal de Carlos Tévez con el gol legal (y no concedido) de Frank Lampard no han reparado en un pequeño detalle: Ni Tévez ni Messi pretendieron engañar al árbitro, al juez de línea o a los rivales. Al contrario, jugaron lealmente e hicieron lo que tenían que hacer. Tévez no pudo darse cuenta de su posición prohibida (tenía dos jugadores mexicanos delante cuando cabeceó), salvo después de ver la repetición de la jugada en las pantallas del estadio. Mientras que el arquero Neuer, al que la pelota superó con holgura, se hizo olímpicamente el distraído (como perro que ha volteao la olla) y jugó la pelota como si hubiera realizado una gran atajada. El arquero alemán sí que engañó al árbitro.

La conciencia futbolística argentina puede estar tranquila también por el hecho de que el error arbitral no fue de mala fe, es decir, no pretendió perjudicar al combinado mexicano ni favorecer ilegítimamente al argentino. De esto no quedaron dudas por el hecho de que al desacertado juez de línea se le veía estupefacto tras comprobar su error, y porque tanto él como el árbitro deliberaron delante de todo el mundo antes de aplicar el criterio de la FIFA de que las jugadas no se pueden rearbitrar por las repeticiones de la pantalla de estadio.

Es decir, que a la Argentina nadie la "ayudó" como dicen ciertos periodistas. Que México fue perjudicado por un error ostensible y Argentina beneficiada, es otra cosa bien diferente.