Aunque Salta crece sin parar y Alemania retrocede, lastrada por la crisis financiera de la zona euro, las diferencias económicas, sociales y políticas entre ambos espacios siguen siendo abismales. Para llegar a tal conclusión, no es necesario comparar los indicadores socioeconómicos ni realizar costosos seminarios con expertos de uno y otro lado.
A veces, basta con fijarse en los zapatos de los altos responsables políticos.
El pasado martes día 20 de diciembre, tuvo lugar en los suntuosos salones de la residencia oficial de Finca Las Costas el encuentro protocolar entre el Gobernador de Salta y el Embajador de Alemania en la República Argentina, señor Günter Rudolf Kniess, oportunidad en que ambos políticos intercambiaron obsequios.
De la foto oficial del encuentro destaca, por sobre todas las cosas, el muy diferente estado de conservación del calzado de ambos, ya que, a primera vista, la sobriedad bávara del señor Kniess no parece ser estrictamente correspondida por el señor Urtubey, quien una vez más, luce una falta de aliño más bien preocupante en la parte más baja de su indumentaria.
El Gobernador, que para una ocasión tan importante -conviene recordar- ejerce la representación de todos los salteños, descuidó algunos detalles que en el mundillo diplomático se consideran básicos y elementales. Por ejemplo, el traje de color oscuro, reemplazado en la ocasión por uno de color gris claro, totalmente inadecuado.
Si, como parece, el gobernador Urtubey prefiere los colores claros -quizá para estar a tono con la estación meteorológica- es indudable que le convendría prescindir de esos cortes estandarizados de Modart y pensar seriamente en utilizar esos trajes de color marfil, de estilo Gatsby, que caracterizaron a dictadores caribeños como Rafael Leónidas Trujillo o Fulgencio Batista. Al fin y al cabo, es más fácil enjugar la distancia estética después de haber enjugado la política.
El segundo elemento que desluce terriblemente la imagen del Gobernador -y la de Salta- frente al visitante alemán, son las medias que luce el señor Urtubey, que parecen un acordeón mal doblado. Al reparar en la discreta longitud de los calcetines del señor Kniess, solo cabe pensar que las medias de Urtubey le llegan hasta el ombligo o zonas limítrofes.
En cualquier caso, hubiese sido preferible que antes de tomar la fotografía, nuestro gobernador se las hubiese subido al máximo; a menos, claro está, que el elástico esté ya lo suficientemente vencido para que las medias, de ningún modo, se mantengan en su sitio. Más trabajo para la Primera Dama.
El último detalle son los zapatos en sí mismos. Porque es muy bueno que, entre embajador y embajador, nuestro Gobernador se dedique a practicar la inclusión a pie de calle, en los rincones más desfavorecidos de la Provincia, entregando viviendas en barrios que carecen de pavimento. Pero el sueldo que percibe de todos nosotros justifica largamente que disponga de un par de zapatos para la "inclusión" y de otro -más presentable- para las relaciones diplomáticas internacionales.
El tacón del zapato derecho del Gobernador delata, cuando menos, el lodazal en que han convertido el acceso a su oficina las últimas precipitaciones. La gigantesca mancha de aceite de la suela del mismo zapato indicaría también que el Gobernador anda prodigando inclusión y equidad incluso en los talleres mecánicos, o bien que ha participado sigilosamente de la inspección encubierta que su Ministro de Gobierno ha realizado recientemente al Mercado Municipal.
Afortunadamente para el señor Urtubey, si es que tenía alguna duda sobre qué colgar de la chimenea de Finca Las Costas en estas Navidades, la incógnita está despejada: con poner una sola de esas dos gigantescas medias grises, se asegurará de que Papá Noel le traiga un helicóptero, pero de verdad, no de juguete.
Y si por casualidad se le ocurre poner esos mismos zapatos la noche de Reyes, pedimos a Sus Majestades de Oriente que aprovechen la volada y los incauten, poniéndolos a buen recaudo. Las relaciones internacionales de Salta agradecerán este gesto largamente.