Sandro unplugged

La pronta recuperación de Sandro, recientemente sometido a un transplante multiorgánico en Mendoza, se ha convertido no sólo en un anhelo acariciado por los nostálgicos de su música, sino también en un objetivo muy serio en el que está comprometido el éxito de nuestra cirugía de mayor complejidad. Todo el mundo, excepto tal vez la señora Bonafini, que no tuvo para con Sandro palabras muy cordiales que digamos en los últimos tiempos, desea la recuperación del ídolo, sea por un motivo o por el otro. Lo cierto es que el país está pendiente. Sandro de AméricaPero de aquí a que cada decisión médica en el postoperatorio, por mínima que sea, resulte objeto de especulación y comentario por la prensa, hay una distancia apreciable y hay límites que no conviene forzar.

Si Sandro es intubado y extubado sucesivamente son cuestiones de las que sólo deberían estar pendientes los médicos. Dejemos para la prensa, especialmente la de color rosa (en este caso "Rosa, Rosa"), si el cantante hace bromas, se comunica moviendo los meñiques, si se tapa con las sábanas por sí mismo o si habla con voz débil y ronca. Mientras al despertar no pida un atado de Parisiennes, todo estará bien.

Hace algunos años, la Coca Sarli fue sometida a una delicada intervención intracraneana que mantuvo en vilo al país. Suponiendo que en aquellas épocas la cirugía haya sido "mínimamente invasiva", el acoso de la prensa fue todo lo contrario, e incluyó un lamentable reportaje a la convaleciente actriz, realizado "a pie de rampa", a la salida del sanatorio en donde había permanecido ingresada. Sarli apenas podía hablar.

Para qué hablar de la famosa foto de Ricardo Balbín agonizante y lleno de cables y mangueras.

Dejemos que Sandro, enchufado o desenchufado, se recupere en condiciones de normalidad y no en un clima de angustia o de vigilia nacional, porque en su vuelta a la escena se esconde agazapada la esperanza de muchos argentinos de renacer, de volver a vivir a pesar de las dificultades.