El incidente se desencadenó cuando la autoridad competente intentaba secuestrar el vehículo "por no tener el cuaderno habilitante". Pero el audaz chofer infractor, lejos de amilanarse o de ofrecer el cohecho reglamentario, tomó el micrófono de su radio y alertó a sus compañeros sobre lo que estaba sucediendo a pocos pasos de la centenaria Escuela Urquiza.Tal como si hubiera hecho sonar un clarín, acudieron raudos a la esquina el titular de la firma, reforzado por "la flota" de la remisera, cual si fuera el legendario Séptimo de Caballería al comando del coronel Custer.
Un inspector de tránsito dijo que la unidad infractora fue objeto de la requerimiento policial porque su conductor, en el momento de descender un pasajero en la Escuela Urquiza, "le atropelló el pie a un alumno".
"Del alumno se hizo cargo la cooperadora", dijo el agente, quien desentendido de estado del pie del pobre chico, no vaciló en solicitar al remisero los papeles del coche, de los que carecía. "No tenía matafuego; luego vino otro remisero de la misma empresa de apellido Escalante, quien circulaba sin cédula verde y sin el cuaderno habilitante".
De estas declaraciones se puede inferir que los de Tránsito pusieron el acento sobre la papelería y el matafuegos pero no habrían labrado el correspondiente acta "por atropello".
Lo más llamativo, sin dudas, es que el remisero infractor, así como Escalante, consiguieron rápidamente que una "brigada" de los suyos se hiciera presente en el lugar para enervar la acción policial, cual si fueran (los remiseros, no los policías) Starsky y Hutch.
Hay cosas que sólo suceden en Salta (y en Nápoles).