Además de la desnutrición que alcanza nada menos que el 10% de la población total, nuestros comprovincianos padecen la tuberculosis, el Chagas, la sarna y la brucelosis. Si bien, a diferencia de lo que sucedía bajo el régimen anterior, las autoridades de la Provincia han facilitado las tareas solidarias de estos médicos, a sabiendas de que su delegación incluía periodistas, el fenómeno descripto por los profesionales cristianos debería merecer una respuesta contundente del Ministerio de Salud de la Provincia.
Las lluvias, el hambre y las enfermedades se abaten regularmente contra los sufridos santavictorinos, sin que resulten suficientes las medidas que de tanto en tanto adoptan las autoridades provinciales cuando deciden ir en su socorro.
Según La Nación, en sólo cinco días, los médicos atendieron a más de 1700 pacientes en pediatría, infectología, oftalmología, odontología, dermatología, entre otras especialidades.
Al tenor de lo informado y a juzgar por el pésimo estado sanitario de esa población, los recursos que destina la Provincia para la atención de la salud de estos salteños son notoriamente insuficientes (hay solo 3 médicos y 25 agentes sanitarios, para 9.000 personas desparramadas por ese territorio), y están mal asignados (como revela el hecho de que el ecógrafo enviado por el Ministerio salteño haya permanecido meses sin uso ante la falta de personal especializado en su manejo).