Antes de avanzar en esta nota, conviene referir que el Estado provincial carece (por causa del insoportable centralismo estadístico) de información suficientemente desagregada y precisa acerca de la situación social y humana de los niños pobres e indigentes.El tiempo transcurrido de la gestión que encabeza el señor Juan Manuel Urtubey no ha sido, al parecer, suficiente para que la Provincia se dote de material estadístico, de planes, de organismos, de recursos y de personal especializados en los problemas de la niñez pobre.
Mientras la gestión anterior no había profundizado en el tema y se movía presa de prejuicios ideológicos y de cálculos electoralistas, la actual ha dado sólo tímidos pasos en la buena dirección.
Para hacerse una idea de la precariedad de medios al servicio de una política social centrada en la niñez, bastaría con señalar que, para conocer el estado de salud de los niños, la Provincia decidió recurrir a los Campeonatos Evita como instancia útil para elaborar un diagnóstico ausente.
Una rudimentaria (otra vez) articulación de los datos disponibles, permite afirmar que en nuestra Provincia hay 107.000 niños menores de nueve años que soportan la pobreza. Y que, de ellos, hay casi 14.000 que viven en la indigencia.
No es esta la oportunidad de estudiar tanto la situación social heredada como las instituciones y políticas que desarrolló el régimen anterior. Pero es útil avanzar que estas políticas se movieron dentro de un generalizado clima de ineficacia, en tanto apuntaban a salir del paso, limar las aristas que mas podían dañar su imagen, sin proponerse siquiera rescatar a los niños de su tremenda situación.
El nuevo Gobierno, además de introducir algunos retoques organizativos para poner la burocracia provincial en sintonía con las nuevas concepciones en materia de derechos del niño, ha preferido continuar con programas y prácticas heredadas.
En algún caso, reforzando las partidas y avanzando hacia una cierta automatización, como es el reciente Plan Alimentario Provincial al que el Gobernador Urtubey asignó el publicitado cheque de 200 millones de pesos ahorrados por su antecesor en el cargo. Conviene recordar aquí que, al presentar el Plan, el primer mandatario local reconoció que hay alrededor de 40.000 niños salteños mal alimentados.
La única novedad reside en la idea que maneja el Ministerio de Desarrollo Humano, con la participación de la Secretaría de Cultura de la Provincia, enfocada a "integrar" a los "excluidos".
Se trata, a nuestro entender, de una excelente idea. Estamos aquí frente a un Plan moderno, que se propone resolver un problema social bien identificado, que se erige sobre valores de insospecha raigambre democrática, que rehúye tanto del clientelismo como de tics autoritarios, y que incorpora innovaciones metodológicas acertadas.
Por las dimensiones que han trascendido, el plan en ciernes parece razonable en tanto se propone cubrir a 90.000 niños (cifra que representa casi el 90% del universo de niños pobres), con acciones que habrán de desplegarse a lo largo y a lo ancho del dilatado territorio provincial.
Su sentido integrador está expresado en la combinación de acciones deportivas, educativas, culturales y sanitarias.
Sin embargo sus carencias presupuestarias son clamorosas. El dinero con el que se piensa dotar al plan para el período Agosto/Diciembre de 2008, resulta notoriamente insuficiente. Nadie puede pensar que un Plan que destine 1,90$ por niño puede alcanzar los ambiciosos objetivos que se ha propuesto.
Hay una segunda carencia que conviene resaltar aquí: La nula participación de las fuerzas sociales (incluidos los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, la Iglesia Católica y otras confesiones) en el diseño y ejecución del Plan.
Un déficit que no es sino parte de uno mas amplio que refleja -en unos casos- el poco desarrollo que entre nosotros tiene la democracia participativa y, en otros, la extraordinaria insensibilidad de los sectores ricos y poderosos que no han sido hasta aquí capaces de ejecutar acciones de responsabilidad social empresaria. Es, en este sentido, revelador que el Departamento de Anta, uno de los más ricos, sea el territorio donde existe un porcentaje de pobres que supera ampliamente la ya preocupante media provincial.
A poco que avance la ejecución de esta idea o Plan, las autoridades (y también las fuerzas sociales) dispondrán de valiosa información acerca de la situación social y humana de nuestros niños pobres, y podrán introducir ajustes y reforzar partidas.
Desde una óptica si se quiere más política y mas allá de las criticas y matizaciones de los párrafos anteriores, la idea del Ministerio de Desarrollo Humano y de la Secretaria de Cultura es, en su concepción, una prueba de que la democracia cuenta con alternativas capaces de rescatar a los niños de la precariedad, de integrarlos al mundo, de favorecer su formación como personas libres y socialmente útiles, haciéndolo -además- en sintonía con la familia y sus valores.