El parte oficial del gobierno informa que la secretaría de Seguridad lanzó en la Escuela Superior de Policía un curso de capacitación destinado al personal policial que se encuentra cumpliendo función de instructor de los Cuerpos Infantiles de Policía, denominado Curso Básico para Instructores de los Cuerpos Infantiles de Policía. Esta "capacitación" tiene tres módulos con contenidos que hacen referencia a la formación de los instructores para trabajar con grupos de niños, "en el marco de la normativa vigente", lo que les posibilitará un "óptimo desenvolvimiento en esa función que se manifestará en el bienestar de la comunidad". Lo que supone que, para el gobierno de Salta, mientras mejor y más formados estén los niños que forman parte de los escuadrones de policía infantil, mayor será el bienestar comunitario. Desafortundamente, el gobierno no aporta ninguna prueba de la relación positiva entre "formación policial infantil" y bienestar social y comunitario.
La información oficial señala también que el curso, organizado por la dirección de Relaciones con la Comunidad y Asuntos Institucionales, "busca incentivar los valores en la familia, evitar adicciones, inculcar el amor a la Patria, respeto, compañerismo y buenas costumbres".
Lo que no dice la información es que si la policía infantil es el camino para formar ciudadanos "sanos y patriotas", cuál es el rol que desempeña el sistema educativo en el que el gobierno gasta todavía -y al parecer, inútilmente- ingentes cantidades de dinero. Ni tampoco, cuál es el rol de familia, a la que la "excelencia moral" policial parece suplantar en nombre del paternalismo del Estado.
La idea de suprimir las escuelas y erigir cuarteles es de muy vieja data y en la historia reciente aparece relacionada a sistemas políticos de corte totalitario.
Lo peor del proyecto es que ideas tan nobles como "la incentivación de los valores en familia", "el compañerismo" o "las buenas costumbres" (que parecen salidas del guión de campaña del senador Olmedo) necesiten, para su difusión en la sociedad, de "instructores policías" o "capacitados por la policía".
Síntoma de que vivimos en una sociedad enferma o, cuando menos, una sociedad en que el imperio de la libertad individual no resulta suficiente y necesita de una inyección de valores por vía del autoritarismo policial.