Actualmente los salteños tienen acceso a esta señal a través de los sistemas privados de cable, en tanto que a partir de la puesta en marcha este acuerdo, el acceso a su programación será por un canal de aire y de forma gratuita.Suscribieron el acuerdo, por el gobierno de Salta, el ministro de Gobierno Antonio Marocco, y por Canal 7 el presidente del sistema nacional de medios públicos S.E. Gustavo López. También participaron de la ceremonia la directora del canal decano Rosario Lufrano y los coordinadores de contenidos Luis Lázaro, Roberto Luzardi y Horacio Badaracco.
Un logro tardío
Teniendo en cuenta que el viejo Canal 7 de Buenos Aires comenzó a operar hace casi sesenta años, el anuncio de que su señal podrá ser vista en Salta, por primera vez, sin necesidad de disponer de un abono a una plataforma de cable y sin el auxilio de un descodificador o un receptor especial, sólo puede ser valorado como una buena noticia que llega muy tarde.
La Argentina dispone, por lo menos desde hace dos décadas, de una infraestructura de telecomunicaciones suficiente para que la señal de una televisión de alcance nacional, como Canal 7, financiada además, hasta dónde se sepa, por recursos públicos provistos por todos los ciudadanos, sin distinción de localización geográfica.
El auncio del gobierno de Salta respira sobriedad y renuncia a emplear el tono triunfalista de su precedesor, pero aun así, los firmantes del convenio harían bien en comunicar a los beneficiarios de esta medida las razones por la que esto no ha sido posible antes.
A mediados de la década de los ochenta, cuando la Argentina comenzó a alquilar trasponders en satélites continentales para difundir señales de televisión, la difusión de programas nacionales era vista con desconfianza por el gobierno local encabezado por el empresario de medios de comunicación Roberto Romero. El enfrentamiento que Romero mantuvo durante su mandato con el radicalismo en el poder nacional hubiera hecho impensable que Canal 7 de Buenos Aires se plantara entre los cerros de Salta con su señal y su mensaje.
El gobierno de Romero, empeñado en controlar y someter a sus designios a todos los medios de comunicación de Salta, tuvo entonces enormes dificultades para "conjurar el peligro" que significaba la señal de la vieja LRA4 Radio Nacional de Salta, en manos de radicales que, más bien pronto, cedieron al enorme poder del empresario de Limache.
Más tarde, el negocio de la televisión por cable, formalmente contrario a la filosofía de televisión abierta y gratuita que la Argentina vino sustentando desde la década de los cincuenta, y del que no son ajenos los mismos intereses políticos y económicos que aniquilaron el pluralismo informativo en Salta, bloqueó también el desarrollo de la televisión de aire.