Cuando endulzamos el lenguaje de las lacras sociales, no solucionamos los problemas

Algunos técnicos sociales (para diferenciarlos de los científicos) vienen defendiendo, sobre todo en Salta, la necesidad de disfrazar ciertas lacras sociales con nombres artificiosos, con eufemismos suaves que tienden a ocultar o minimizar realidades cuya expresión verbal franca y abierta sería dura o malsonante. Siendo, por ejemplo, la pobreza el más grave y quizá el más antiguo de todos los fenómenos sociales conocidos, no hay en toda la administración pública una sola repartición que lleve en su título la palabra "pobreza". ¿Conflicto con la ley penal?El problema es que después de tantos años de intentar llamar a los pobres con otros nombres (personas necesitadas, carenciados, vulnerables, etc.) la dignidad de los pobres no ha aumentado ni un ápice, ni se advierte que en el empleo de estos eufemismos -algunos muy rebuscados como el "abordaje territorial- se encuentre implícita una actitud gubernamental -e incluso ciudadana- de mayor respeto hacia los pobres.

Ello, por no hablar de eficiencia en la lucha contra la pobreza. Desde que los nuevos Piratas del Caribe han desplegado en Salta sus estrategias de "abordaje territorial", la pobreza viene avanzando de forma inexorable, ganándole terreno a la dignidad. La cantidad de pobres sigue creciendo al mismo ritmo con que crece la cantidad de pobres que no pueden acceder a determinadas ayudas, que no alcanzan unos mínimos indispensables, y con la misma velocidad con que se están profundizando los rasgos de una pobreza que cada vez es más inhumana y está cada vez más desfasada respecto de los tiempos en que vivimos.

Está claro que volver a las antiguas denominaciones de "pobres" y de "pobreza" no garantiza que el problema vaya a solucionarse de la noche a la mañana. Pero, como en todo, siempre es mejor llamar a las cosas por su nombre, porque mientras lo hagamos tendremos siempre la sensación de que el problema está vigente, que reclama soluciones urgentes y eficaces y que no es bueno intentar disimularlo detrás de fachadas verbales más o menos ingeniosas.

El problema de los menores


Hace un tiempo que se estableció entre nosotros la costumbre de llamar "niños en situación de calle", a aquellos menores de edad sin hogar, que deambulan sin rumbo por la ciudad, expuestos a sufrir marginación, accidentes y abusos de todo tipo. Sé que la comparación no es la mejor, pero en caso de cruzarse esta línea de solución verbal y mágica a los problemas sociales, con las nuevas orientaciones filosóficas de protección de los animales, no tardaremos en llamar a los perros vagabundos, asilvestrados y atorrantes, "canes en situación de vía pública". Y al hacerlo, no adelantaremos nada en la solución del problema, por supuesto.

Más curiosa todavía es esta tendencia que se está abriendo camino ahora de llamar a los menores delincuentes (que delinquen, esto es, que han cometido delito) como "menores en conflicto con la ley penal". Y es curioso porque, si se tiene en cuenta la peculiar estructura de la norma penal, ni los menores ni los mayores pueden entrar en conflicto con ella ni con la "ley penal", entendida como fuente de las normas penales. El que delinque -según la clásica postura doctrinal de Binding- "no actúa en contra de las distintas leyes (o normas) penales particulares; Actúa precisamente conforme a la primera parte de la ley penal", la que establece la hipótesis, la que describe el hecho o la situación punible. El delincuente, para Binding, cumple el tipo penal, realiza la hipótesis prevista en la ley, no entra en conflicto con ella".

Es preferible emplear el ingenio en encontrar soluciones a los problemas más que en diseñar nombres que oculten la realidad y sirvan solamente para endulzar el lenguaje que usamos para referirnos a ellos. Algunos de estos nombres, como el "abordaje" o la "drogadependencia" se utilizan en abierto desafío a las normas de Lengua Española, cuando lo más conveniente, si es que queremos comunicar eficientemente nuestros problemas, es usar la lengua con un mínimo de rigor que asegure que seremos entendidos por todos, no sólo por ciertos técnicos sociales vanguardistas.