El titular está a la altura de aquel inolvidable "Nixon, cada vez más cerca la muerte", con que todos en Salta nos enteramos de la muy prolongada agonía del presidente nortemericano.Ahora resulta que en la tierra del gobernador Schwarzenegger -por cierto, partidario por castigar al anciano Roman Polanski por una violación imprescriptible-; la misma tierra en donde se filmaron millares de metros de inolvidables series como Kojak, Starsky y Hutch, el neurocirujano Ben Casey, y casi todos los CSI conocidos, son las autopsias las que revelan si un fallecido "tiene los brazos llenos de pinchazos".
Si el informe forense hubiera detectado lesiones o deformaciones en órganos internos, especialmente a través de pruebas microscópicas, es probable que se pueda hablar de "revelación". Pero para advertir los pinchazos en el brazo de Michael Jackson, o de cualquiera menos famoso, no es necesaria una autopsia, no se requiere ninguna prueba histológica. Basta con ver los pinchazos y ya. Cualquier facultativo medianamente entrenado sabe distinguir entre la huella de un pinchazo de una aguja y la picadura de un mosquito.
Pudieron verlos los bomberos paramédicos que lo asistieron, los funerarios que trataron su cadáver y "cualquiera que acertara a pasar por el lugar".
O se ha sofisticado mucho la ciencia forense, o, al contrario, ha decaído, porque llamar "autopsia" a una operación mecánica de arremangar una camisa y ver un brazo es demasiado.
Tal vez, la culpa, como siempre, sea del mensajero. En este caso, de un ángel caído de Limache a California.