Una vez más, el gobernador de Salta ha puesto de manifiesto que la precisión conceptual en materia económica no es algo lo suficientemente importante para quitarle el sueño. Si ayer le daba igual asociacionismo que asociativismo, anteayer eran lo mismo cohesión y convergencia, hoy ha llamado "subsidio" a lo que, por su naturaleza y carácter, se le reserva el nombre de "subvención". Se trata de palabras parecidas, no hay dudas, y también de significados parecidos. De lo que no hay dudas es que un gobernador de Provincia no es la persona más adecuada para mezclar ambas cosas, porque detrás de la confusión de los conceptos suele ocultarse una actitud ambigua del Estado frente a los sujetos que resultan beneficiados tanto de una subvención como de un subsidio.
Ambos conceptos están vinculados con transferencias de recursos o ayudas financieras que ejecuta el Estado o el gobierno en beneficio de un determinado sector económico o social. La diferencia consiste en que mientras la subvención es una ayuda económica, generalmente oficial, para costear o sostener a una actividad, que se aplica a fines muy concretos y determinados, el subsidio aparece, la mayoría de las veces, como una transferencia corriente desde el Estado a los agentes económicos privados (y, en su caso, a las empresas públicas), incluidos los trabajadores, cuyo objeto es estimular artificialmente el consumo de un producto o servicios o compensar pérdidas en las rentas de los trabajadores, los consumidores o los productores.
Una de las notas características de la subvención -que sirve para diferenciarla nítidamente del subsidio- es que la subvención se asigna a un fin, propósito, actividad o proyecto específico. De este modo, también se diferencia de una transferencia porque existe la obligación, por parte del destinatario, de cumplir condiciones y requisitos preestablecidos que, en caso de no cumplirse, confieren derecho al subvencionante a exigir su reintegro.
Los subsidios son entendidos como un mecanismo contrario a los impuestos y generalmente se explican por una determinada orientación de las políticas de aquellos gobiernos que buscan alcanzar metas sociales o favorecer a determinadas personas, actividades o zonas de un país.
Una lectura muy superficial de la noticia de la entrega de ayudas a clubes deportivos de Salta permite desmentir al gobierno en cuanto a que ha entregado "subsidios". Su finalidad es muy concreta: "la suma de 10.000 pesos deberá ser destinada a la adquisición de indumentaria o material deportivo y a la realización de remodelaciones en los respectivos clubes", dice la noticia. Y no se conoce que la ayuda tenga por objeto "compensar pérdidas de rentas" o estimular artificialmente el consumo de determinados bienes y servicios.
Por tanto, no cabe otra cosa sino pensar que Urtubey ha entregado "subvenciones" y no "subsidios".
Podrá parecer cosa trivial, pero no lo es desde el momento en que quien habla y entrega es un gobernador que en cada comparecencia pública se esmera en hacer aflorar unas desconocidas dotes pedagógicas y que no ahorra ocasión para dar a sus conciudadanos elaboradas lecciones de filosofía, ética, derecho y economía, con sólo 39 años de edad.