Televisión clandestina: El imperio de la Ley o de los 'referentes gubernamentales'

Al parecer, de acuerdo a la normativa vigente, el señor Javier Matus, exsecretario de Prensa del gobernador Romero, condenado penalmente por estafar a un humilde albañil salteño, no estaría en condiciones jurídicas ser titular ni de una licencia para un portero eléctrico de circuito cerrado. Televisión clandestinaPor esta razón es que está causando tanto revuelo el hecho de que este señor aparezca como la cara más o menos visible del "nuevo canal" por aire que ha irrumpido en el dial de los televisores salteños desde el pasado 1 de junio.

Pero todo esto es anecdótico. Si la posesión de una moral intachable y de una hoja de servicios inmaculada fuese condición sine qua non para ser titular de un medio de comunicación, hay ciertos periódicos y ciertas radios que deberían haber dejado de existir hace unos cincuenta años, aproximadamente. Matus lo sabe perfectamente; es decir, conoce las reglas del juego del negocio, por que no conoce otras. Los conceptos de "imperio de la Ley" o "Estado de Derecho" ya eran anticuados o, al menos, prescindibles, cuando Matus desembarcó en el mundo de las comunicaciones, haya ya casi dos décadas.

Lo verdaderamente llamativo es el papel que desempeña la Ley en todo este asunto y la forma en cómo las instituciones llamadas a aplicar sus preceptos operan (o dejan de operar) en salvaguarda de los derechos de los ciudadanos y, especialmente, de los titulares de licencias legales y legítimas para transmitir televisión en Salta.

La Ley exige el otorgamiento de una licencia administrativa por parte del Estado nacional para poder operar una frecuencia de televisión y que su concesión se verifique después de una licitación pública, abierta, igualitaria y transparente. Nada de esto ha sucedido en Salta, por lo menos desde hace cuatro décadas. Éstos requisitos son "para la gilada", no para el señor Matus, que al parecer dispone de "varias licencias": una para ir contra la fe pública y los derechos de los albañiles (según lo que dice una sentencia); otra para disponer del espectro de radiofrecuencias como si fuese el patio trasero de su casa (según lo que hoy dice la prensa).

En efecto; de las informaciones que publica hoy Nuevo Diario de Salta, se desprende que al señor Matus estas normas le importan un pimiento y que la "base legal" de su revolucionario emprendimiento, a la que ya ha aludido unas cuantas veces, está constituida (y escuchen bien) "por el aval de referentes del gobierno y del COMFER en Buenos Aires".

Podría haber agregado también a Su Santidad Benedicto XVI y al mismo Barack Obama. La posesión de supuestas influencias es el truco más viejo que se conoce en las administraciones públicas de todo el mundo. ¿Se acuerdan de aquella tan famosa como falsa frase de "Dice la señora Betina que usted me tiene que dar una casa"?

Frente a semejantes cartas de presentación, ¿qué puede hacer el delegado del COMFER en Salta?

Cuenta la leyenda que el viejo caudillo don Vicente Leónides Saadi consiguió imponerse como candidato a gobernador por el peronismo catamarqueño, gracias a que un imitador de Perón llamó por teléfono a las autoridades partidarias diciéndoles que "Saadi era el hombre". Los incautos catuchos se tragaron la imitación y Saadi consiguió ser gobernador.

Es de imaginar que si Matus invoca influencias del gobierno y del propio COMFER, igual que el viejo imitador de Perón, consiga su objetivo, sobre todo si en realidad dispone de estos avales. En cuyo caso, sería interesante que el Dr. Murúa, titular del COMFER en Salta, preguntara al señor Matus quiénes son en realidad, con nombre y apellido, "los referentes que lo avalan", porque de este modo los salteños podremos saber quienes somos los que obecedemos la Ley, aunque sus regulaciones no nos favorezcan, y quienes -además de Matus- son los que "están por encima de la Ley".

Tal vez nos llevemos una sorpresa. Tal vez el gobierno ha abierto una oficina de "avales extralegales" y los ciudadanos lo desconocemos. Tal vez haya gente en el COMFER que simpatice con la idea de Matus de tener un canal de televisión sin licencia y comunicar con él con la misma libertad de quien coloca un embudo en cada punta de la manguera de regar el jardín y juega a las telecomunicaciones.