El actual organismo está dotado de instalaciones amplias, cómodas, luminosas, limpias, de fácil acceso, y cuenta con personal suficiente, amable, bien uniformado y que, salvo excepciones, conoce sus obligaciones y sabe atender a los ciudadanos que concurren a sus oficinas. Hay, ciertamente, algunos problemas que lastiman la imagen del Registro y perjudican a quienes deben allí realizar trámites.
El primero es un problema cuya solución no parece estar en manos de las autoridades provinciales. Me refiero a la excesiva morosidad que afecta a la obtención de los DNI. Se trata de un trámite que el organismo provincial realiza en combinación con el Registro Nacional de las Personas dependiente del Ministerio del Interior.
La segunda debilidad nace en la insuficiente informatización del Registro local y de los trámites cotidianos. Por ejemplo, no se otorgan turnos telefónicamente y la página Web está francamente subdesarrollada.
Un tercer problema es puramente operativo: La Mesa de Informes, encargada de orientar y entregar los números, está atendida por una sola persona que, además, debe recibir consultas telefónicas. Es comprensible entonces que la niña a cargo, una vallista de ojos refulgentes, no pueda desagotar la cola con la velocidad deseable, convirtiéndose -a su pesar- en un verdadero cuello de botella de la maquinaria.
Pero, como afortunadamente para todo hay una solución bis o trucha, si usted no desea esperar, tíñase el pelo de rubio furioso, píntese los labios de rojo y busque a un señor, empleado del organismo a punto de jubilarse, de abundante pelo canoso y bigote a lo Clark Gable, susúrrele algo al oído y él se encarga. El amable colador, para más datos, lleva los anteojos colgados al cuello robusto.