¿Es acertado el retrato oficial del Gobernador Urtubey?

En el año 2004, un equipo de Berlin Press liderado por David Brown y Klaus Zwangsleitner, envió una carta idéntica a las embajadas de 191 países con representación en la Asamblea General de las Naciones Unidas, pidiéndoles un "retrato oficial" del jefe del Estado de cada uno de aquellos países, a fin de reunir todas las fotografías en un libro que, en definitiva, vio la luz en 2005. Retrato oficial del Gobernador de SaltaEl proceso de edición del libro fue muy particular, debido a que cada embajada interpretó a su modo el pedido y envió a los editores retratos de las más variadas características y en los más diversos formatos.

De esta experiencia se puede desprender la conclusión -siempre provisional- de que no existen, a nivel mundial, reglas ni criterios técnicos uniformes que indiquen cómo realizar un buen retrato oficial.

En algunos países existe una regulación normativa acerca de la colocación de los retratos oficiales en los despachos públicos, como sucede con otros símbolos como las banderas o los escudos; en otros se trata de una simple costumbre y no sería descabellado pensar que en algunos países estos retratos estuviesen prohibidos.

Mirando con detenimiento el retrato oficial del gobernador Urtubey, que cuelga ya de la mayoría de las oficinas públicas de Salta, me han llamado la atención un par de detalles que, en principio, dan la impresión de que disminuyen su "eficacia simbólica".

En efecto, mientras que la mayoría de los retratos oficiales del mundo, especialmente los de los jefes de Estado de los países más importantes (Estados Unidos, Francia, Inglaterra, El Vaticano...) han sido concebidos en formato "retrato", el gobernador de Salta ha preferido un formato "apaisado" (ancho superior al largo), bastante extraño -por no decir inédito- en materia de retratos oficiales.

La experiencia de Berlin Press indica que los jefes de Estado, mayoritariamente, se retratan junto a otros símbolos (por ejemplo, la bandera del Estado), vistiendo a veces ropas tradicionales y exhibiendo ciertos elementos que, o bien identifican la cultura del pueblo que encabezan, o bien representan símbolos conocidos del ejercicio del poder.

En el caso del retrato oficial de Urtubey, el gobernador posa -a mi juicio, equivocadamente- entre dos banderas: la tradicional del Estado Federal argentino y la nueva bandera de Salta; lo hace enfundado en traje oscuro (que es la norma para los mandatarios civiles de países occidentales), con el pecho cruzado por la banda con los colores argentinos (probable herencia de la que lucen los borbones familiares del rey Carlos IV en un célebre cuadro de Goya) y sosteniendo con sus manos el bastón de mando.

Si bien los cánones básicos de la técnica fotográfica nos dicen que es posible obtener buenos retratos en formato apaisado, lo cierto es que algo ha fallado aquí porque el resultado obtenido ha sido un "Urtubey recortado" a la altura de su esternón, al que se le ve una sola mano y se le ha privado de expresarse mejor con su cuerpo (body language).

Si las dos banderas eran estrictamente necesarias, debió de disponérselas juntas, tal vez a diferentes alturas (o una delante de la otra) y decididamente en un segundo plano, fuera del foco del objeto principal. Pero no del modo en que se ha hecho, es decir, con una bandera (la roja) a la izquierda del personaje y la otra a su derecha. Da la impresión de que se tratara de "dos potestades diferentes" o dos "conciencias antagónicas" a las que el gobernador debe servir u obedecer.

Luego, los atributos que simbolizan el poder tendrían que aparecer completos y no fragmentados. El bastón de mando menguado en su longitud no sólo puede ser interpretado como el ejercicio de un "poder menor" sino objeto de las más variadas especulaciones de carácter freudiano en las que no vale la pena entrar. La banda recortada casi a la altura del escudo es también un error muy visible.

Pero así como el hábito no hace al monje, tampoco una mala foto nos pinta a un mal gobernador o viceversa. Lo que es cierto es que, en los tiempos en que vivimos, estos detalles revelan la capacidad o la incapacidad del Estado de hacer cosas de alta calidad. Un retrato oficial, en definitiva, no es algo que pueda dejarse librado a una improvisación más o menos afortunada.