Polémica por la propuesta de 'podcasting' ministerial de Nora Giménez

La ministra Nora Giménez ha sorprendido al nutrido mundillo de las FM salteñas con una novedosa propuesta consistente en responder a las preguntas de los periodistas radiales, no en forma directa, sino a través de un "CD de audio" (sic) en el que la ministra enviaría a los medios su respuesta previamente grabada. Ministra Nora GiménezSin apenas haberse puesto en práctica este sistema, las emisoras locales se han considerado "agraviadas" por considerar que el sistema ideado por el equipo de prensa de la ministra de Trabajo desnaturaliza la profesión periodística, llegando a calificar la propuesta como "un asco", "un ardid deshonesto y no natural", "un aporte a la deformación del periodismo", "un fiasco que desvirtúa el sentido de una entrevista periodística", "un incumplimiento de la obligación republicana de informar" o "un despropósito".

Sin entrar a valorar si el método propuesto por la ministra es bueno de suyo o no lo es, lo primero que cabe preguntarse es por qué tanta virulencia de parte los medios. ¿Cuáles son los motivos para atacar esta metodología descalificándola con adjetivos como "asco" o "despropósito"?

Como en el mundo de las FM salteñas nadie da un duro por cuatro pesetas, es de suponer que detrás de esta retahíla de descalificaciones se esconde un interés que va mucho más allá del deseo "republicano" de la prensa radial de acceder a la información pública.

Repárese, en primer lugar, que la ministra de Trabajo lo que ha ofrecido, básicamente, es informar y hacerlo de forma pública. Si esto no es cumplir con la obligación republicana de informar, sinceramente ya no sabemos qué más se puede exigir a los responsables políticos en este aspecto.

Desde un punto de vista teórico, la ministra ofrece sustituir un sistema de comunicación sincrónica por otro asincrónico. Es decir, desecha la idea del "vivo y el directo" para privilegiar las respuestas elaboradas con anterioridad, como lo hacen la mayoría de los líderes políticos del mundo. Y ésto no debe ser visto como un ataque ni a la democracia ni como un menoscabo a la profesión periodística. Si acaso, debería ser valorado como todo lo contrario.

Basta con pensar qué sucedería si a una FM de La Caldera se le ocurriera "hacer salir en directo" al ministro de Exteriores francés, el señor Bernard Kouchner, o, sin irse tan lejos, a la misma presidenta Kirchner. Lo más probable es que no consiguieran estas entrevistas. ¿Por qué motivo la ministra Giménez tiene que comunicarse con la prensa de la forma que la prensa elija? El "interés" de la profesión periodística debe moderarse atendiendo también al interés de la "profesión" de ministro y las responsabilidades que conlleva el ejercicio de un cargo como este.

Lo que sucede es que cierta prensa tiene por costumbre someter a los políticos, no a entrevistas periodísticas, sino más bien a una "absolución de posiciones", a interrogatorios cuasipoliciales, en donde el entrevistado no es el foco de la atención sino que lo es el interrogador (o el periodista).

Son ciertos entrevistadores los que utilizan ardides psicológicos para tender auténticas emboscadas dialécticas a sus entrevistados, y esto es mucho más frecuente en las entrevistas que se realizan por teléfono que las que se concretan cara a cara, en donde ya es más difícil someter al entrevistado a vejaciones sutiles.

Un método como el que propone la ministra Nora Giménez dejaría sin recursos a un 75 por cien de los entrevistadores radiales. De prosperar la iniciativa, ya no podrán realizar entrevistas hostiles, ya no podrán preguntar como si los ministros estuviesen sentados en los banquillos de Nüremberg, ya no podrán levantar la voz ni ponerles en simultáneo con algún grosero anónimo que desee agredirlos verbalmente. En definitiva, ya no podrán manejar ni los tiempos ni la sustancia de las entrevistas y difícilmente alcanzarán su propósito de "poner en aprietos" al entrevistado.

Es evidente que hay "formas" variadas de entender lo que es la "comunicación republicana de los actos de gobierno". Hay que acostumbrarse a la idea de que mientras los responsables políticos tienen el deber de informar sobre sus actos, el derecho correlativo a informarse es de los ciudadanos y no de los comunicadores. Los intermediarios -en este caso, los periodistas- no son titulares de este derecho, son meros intermediarios, y como tales no pueden "sumar" los derechos que les asisten en tanto ciudadanos a los que, se supone, les confiere el ejercicio de la actividad periodística.

Desde otro punto de vista, la postura de la ministra es perfectamente compatible con su propia "cultura del trabajo". Si Nora Giménez estuviera obligada a conceder entrevistas en directo a las radios y a las televisiones, a todas las que hay en Salta, no le quedaría tiempo para dedicarse a los asuntos de su cartera. Además, al lado del deber de someterse periódicamente al escrutinio de los medios, debe reconocerse a los políticos el derecho de conceder entrevistas sólo cuando lo consideren oportuno y necesario; e incluso, el derecho de concederlas a determinados medios, en función de su seriedad, de su audiencia y de su calidad.

Finalmente, si por "tecnología de punta" se entiende el envío de un "CD de audio", el gabinete de prensa de la ministra demuestra vivir en otro siglo. Para lo que se propone la ministra, bastaría con un clip MP3 distribuido por correo electrónico o servido desde la propia web del ministerio (si la tuviera). Una especie de podcasting ministerial. El CD de audio (o CDA) es el probablemente el formato de audio digital más antiguo, requiere además el manejo del soporte y su distribución física. No es, por así decirlo, una solución "ecológica".