Algunos, a pesar de su anatomía, dirán "Kirjner"; otros quizá "Kirsner" y la mayoría, probablemente pase de la complejidad central y prefiera utilizar el más llano "Kirner".Resultado de todo este merengue es que a quien lleve tan dificultoso apellido es mejor llamarle por su nombre de pila. Esto es lo que está haciendo alguna prensa en la Argentina.
En un artículo anterior nos asombrábamos de la ligereza periodística, fronteriza con el mal gusto y la falta lisa y llana de respeto, de llamar sólo "Cristina" a la Jefa del Estado, que derecho sí que tiene a que se la llame como corresponde.
Pero esto no se detiene aquí. La ministra de Desarrollo Social de la Nación, la señora Kirchner, no es propiamente ya la "señora Kirchner" sino que, para cierta prensa, es simplemente "Alicia".
Es que "los Kirchner" se nos han vuelto tan familiares que, entre las dificultades fonéticas y el atajo que proponen sus atractivos nombres, ahora se llaman sólo Cristina, sólo Néstor y sólo Alicia (cual si fueran Sofía, Felipe y Letizia), para nosotros y para el mundo.
Lo que dirán al respecto el resto de las cristinas, néstores y alicias argentinas, lo desconocemos. Lo que sí sabemos es que, hace algún tiempo, una ciudadana llamada legítimamente Florencia de la Vega, interpuso una acción judicial porque una vedette-travesti de discutibles modales y envidiables formas adoptó idénticos nombre y apellidos para convertirlo en su "nombre de guerra". La auténtica Florencia ganó entonces la partida en los estrados.
No vaya a ser cosa de que alguna "Cristina" o alguna "Alicia" ofendida por la cleopatrización cesarista de su nombre acuda a los tribunales a exigir que se llame a cada quien por su nombre (y por sus apellidos, por difíciles que éstos sean).