Más solos que la una

Dicen que una leyenda maldita envuelve a los presidentes del gobierno español: es el “síndrome de La Moncloa” (nombre del palacio en el que residen). Según esta leyenda todos aquellos que logran un segundo mandato comienzan a sufrir un extraño complejo de superioridad que, por un lado les aleja de la realidad exterior y por el otro les ciega, llevándoles a imaginar que tan sólo ellos están en posesión de la verdad. El presidente mira hacia abajoHasta hace poco el perfil de Jose Luis Rodriguez Zapatero era más cercano al de un populista bien-intencionado cercano en su perfil a algunos que arengan en lugares de Latinoamérica, en donde ustedes están. Discursos lleno de conceptos vacíos, políticas dicen que progresistas, y resultados muy difusos al final. En los últimos meses Zapatero ha logrado el “no va más”: fusionar la vertiente “latina” con la  “gallego-Moncloil” (de la Moncloa) dando lugar a una variante muy peligrosa que nos explotará, – dios mediante y por desgracia – en territorio nacional.

El más reciente síntoma es su soledad. Son tantos los que descreen, que hasta muchos de los suyos ya no confían en él. Esta semana a la renuncia a su escaño de diputado del ex ministro de Economía Pedro Solbes, hemos tenido que sumar los cada vez más intensos rumores que señalan la existencia de sectores muy críticos dentro del propio PSOE. Se oyen voces contra el “jefe”, contra su empecinamiento, su política desorientada y su gestión imponiendo un único criterio: el de él.

Algunos medios vaticinan más renuncias; otros, intentos en el propio partido de aupar a antiguos líderes contra ZP. Los pocos cercanos al presidente inician movimientos de defensa: lanzan los primeros dardos contra los críticos y les exhortan a dar la cara, a hablar. Suena a barco que hace aguas y suena cada vez más.

No cuadran las cuentas, no cuadran los resultados y por no cuadrar, ni el discurso del Presidente cuadra ya. Según pase el tiempo aún menos va a cuadrar en un sistema como el nuestro, que es parlamentario y  no presidencial.

Que un presidente, en nuestra mayor crisis económica desde hace años, pretenda él sólo: elaborar el diagnóstico, marcar el rumbo y manejar el timón, es mucho pretender; es una temeridad. Zapatero, aunque no se de cuenta, parece un Quijote luchando contra molinos de viento; unos vientos que soplan en contra y, que en gran parte, alienta él.

Ha probado casi todo sin que nada haya funcionado en realidad: culpar de nuestra propia crisis exclusivamente a Wall Street; hacer un enorme agujero a las arcas públicas sin un plan bien definido acerca de la forma de reintegrar el dinero que salía sin entrar; aumentar, con buena intención pero sin pensar, gasto público y ayudas aquí y allá; proclamar decenas de veces que “lo peor había pasado” cuando en realidad aún estaba por llegar. Ahora como colofón a toda una serie de políticas erráticas, nos pide a todos un esfuerzo para pagar más; sigue sin explicarnos claramente cuánto, cómo y para qué. 

Cito dos de las últimas críticas aunque les garantizo que hay muchas más. El presidente de las Cajas de Ahorro españolas llegó esta semana a pedir elecciones anticipadas si Zapatero continuaba guiándonos erráticamente por este desierto que parece no tener final. Casi en la misma línea,  el diario “El País” (grupo Prisa) con objetividad pero también con bronca por el decreto que el gobierno ha asestado contra sus intereses en la TDT de pago, publicó un editorial titulado “en la pendiente”. Se puede decir más, pero más claro no.

Sobran en España y también en otros países líderes políticos subidos al estrado agitando sólo ideología y “buenismo”; sin un plan consistente y de largo alcance; sobran discursos retóricos y falta argumentación; sobra improvisación, desbarajuste y falta de consenso en la gestión. Hay demasiada ideología y escasea la cualificación: no corren buenos tiempos, parece, para las cabezas bien amuebladas y plenas de sentido común.

Aunque algunos traten de disimularlo es verdad, Zapatero esta solo ante el peligro. Lo peor es que nosotros, los ciudadanos, me temo que lo estamos más.