
La cifra es de por sí escalofriante, pues supone que, en el periodo estudiado, han muerto a manos de sus parejas o exparejas en Salta dos mujeres por mes, un registro vergonzoso y macabro no alcanzado por ninguna otra Provincia del país.
Aún no ha habido una reacción oficial del gobierno de Salta, pero se espera que el Gobernador de la Provincia, Juan Manuel Urtubey vuelva a decir que las altísimas cifras de criminalidad mortal contra las mujeres en Salta obedece a «factores culturales».
Sin embargo, tales «factores culturales» no se han podido probar nunca, como sí en cambio se ha conseguido probar la ineficiencia de las políticas implementadas por Urtubey para intentar conjurar el fenómeno.
Concretamente de tres: 1) la pomposa e inútil declaración de emergencia pública en materia social por violencia de género (que data de 2014 y que fue concretada por ley provincial nº 7857); 2) la creación del igualmente inútil Observatorio de Violencia contra las Mujeres (ley provincial nº 7863, también de 2014); y la inauguración del llamado Polo Integral de las Mujeres, a mediados de 2018.
Ninguna de estas medidas -acunadas personalmente por Urtubey y sostenidas por sus partidarios más acérrimos- ha dado el resultado esperado, como lo demuestran las escandalosas cifras de criminalidad.
Al contrario, las decisiones de Urtubey en la materia -tachadas de oportunistas y populistas por la oposición y por algún sector del feminismo no alineado con el gobierno- solo han logrado dar vida a una burocracia parasitaria cuya operación cotidiana no solo es cara e ineficiente sino que también representa un obstáculo para el normal funcionamiento de instituciones como la Policía, los juzgados o los servicios sociales.
Ahora, la confirmación del naufragio de estas iniciativas se vuelve en contra de su impulsor, pues aunque intente por activa y por pasiva eludir el tema en cada una de sus apariciones en la televisión nacional, ya no hay forma de esconder que Salta -la Salta gobernada por Urtubey- tiene las peores cifras de violencia de género mortal de todo el país, ni forma racional de demostrar que el enorme diferencial estadístico entre Salta y otras provincias se debe a imaginarios «factores culturales».
Después de conocer estas cifras, millones de argentinos se preguntan si es sensato elegir como Presidente de la Nación al hombre que, con sus omisiones y su falta de acierto, ha favorecido que en su Provincia el número y la gravedad del asesinato de mujeres crezca hasta estos alarmantes niveles..
Más allá de la escandalosa realidad de la pobreza y de la certeza estadística de que Salta es una de las provincias más pobres y atrasadas del país, la razón invita a pensar que quien ha diseñado e implementado en Salta políticas tan poco realistas para proteger a las mujeres de la violencia machista podría llegar a provocar un auténtico desastre social en el país.