¿Quiere saber cuál será el futuro político de Isabel Macedo? Pregúntele a su marido, no a ella

  • Son muy pocos realmente en la Argentina los que quieren ver a la familia feliz y perfecta, vestida de blanco inmaculado, adoptando decisiones sobre una sociedad que lucha cotidianamente contra sus imperfecciones y que no quiere figuritas de Sarah Kay en la Casa Rosada sino a gente que se arremangue y se disponga a achicar agua de la nave que se hunde.
  • Machismo silencioso, de baja intensidad

El lanzamiento oficial de la candidatura presidencial de Juan Manuel Urtubey, ha sido «en familia»; es decir, con la vivificadora y beatífica presencia de su esposa y la de la pequeña hija que ambos tienen en común. De los otro cuatro hijos del Gobernador de Salta, ni noticias. O no forman parte de su familia o salen directamente sobrando en el retrato de la felicidad perfecta.


Urtubey y Macedo, al igual que antes lo hicieron Macri y Awada con su hija Antonia, resolvieron dejar de lado a los hijos que ya tenían con otras parejas, para presentarse «en familia» con la hija que tienen en común.

El caso es que mientras Awada tiene bastante claro su misión como primera dama de un país en llamas, quien no lo tiene para nada claro es Isabel Macedo, a la que parece que le fascina sentirse cada vez más liviana y mostrarse más despistada.

La actriz de telenovelas es incapaz de decir por su propia boca qué se propone hacer en política. La pregunta -si es que a alguien le interesa la respuesta- hay que hacérsela a su marido, porque según se ve, la decisión corre por cuenta de él, no de ella.

Una pequeña muestra -importante como un botón- la ha dado Macedo, al tomar distancia de sus colegas reunidas bajo el nombre de Actrices Argentinas. Como si fuera boliviana, Macedo ha discrepado públicamente de los métodos y el lenguaje de sus compañeras de trabajo, en un inequívoco gesto de profesión de fe conservadora. Alguna actriz más veterana que ella, al enterarse de la posición de la primera dama de Salta sobre sus colegas, dijo: «A esta piba -que es de acá (por Buenos Aires)- se le están pegando los tics de su marido, que es de allá (por Salta)».

Ahora mismo, si alguien quisiera saber qué futuro político le aguarda a Michelle Obama, a Melania Trump o a Brigitte Macron -por solo poner tres ejemplos- a ninguno se le ocurriría preguntarle a sus respectivos maridos sino a ellas mismas. En cambio, en la Argentina, Urtubey le ha retirado el micrófono a su esposa y en todo caso será él el que diga, por los dos, cuál será el futuro de Isabel Macedo.

El mensaje que envía Urtubey con esta actitud no es muy alentador que digamos para las mujeres. Ni para la suya, ni para las demás, que esperan que su esfuerzo liberador e igualitario de los últimos años no sufra un retroceso con la llegada al poder de una pareja de la belle époque, con sus uniformes de Gran Gatsby incluidos.

Son muy pocos realmente los que quieren ver a la familia feliz y perfecta, vestida de blanco, adoptando decisiones sobre una sociedad que lucha cotidianamente contra sus imperfecciones y que no quiere figuritas de Sarah Kay en la Casa Rosada sino a gente que se arremangue y se disponga a achicar agua de la nave que se hunde.

Casi todos coinciden en que a pesar de que Urtubey parece haberle dado la vuelta a su vida como si fuese un calcetín, en su fuero más íntimo habita todavía el duende de la intolerancia y el machismo reprimido. Bastante le ha costado ponerse del lado de las abortistas, pues muchos palos le han llovido en esa gran reserva blanca de moral cristiana que constituye la elite católica de Salta, de la que, por cierto, habría que excluir al Arzobispo, que no solo ha bendecido su matrimonio en off side, sino que también ha mirado hacia la pacífica Diócesis de Orán cuando el Gobernador amigo se declaró partidario del aborto.

A pesar de pasear a su esposa y su pequeña hija por los canales de televisión (no olvidemos que Belita y Mirko se dieron un piquito en Roma) Urtubey no consigue cuajar un mensaje de género; es decir, no consigue construir un discurso dirigido al mundo femenino. Por el momento, se limita a enviar señales inequívocas de que lo suyo es la «familia feliz», heteroparental, cimentada sobre el éxito indiscutido del varón, hasta el punto de que Isabel Macedo parece tener bien asumido su papel de supporting actress, que es el que por cierto ha venido jugando durante toda su vida profesional.

En la política parece que también le tira esa onda secundaria, y habrá que ver si no se retoba antes y nos da a todos una sorpresa.