Zottos se posiciona a favor de las elecciones de reinas de belleza

  • El candidato a diputado nacional se llena la boca hablando de 'inclusión', pero premia a las 'más lindas', sin reparar en que las competencias de belleza que patrocina el propio gobierno provocan enormes daños al derecho a la igualdad y contribuyen a difundir la imagen de la mujer como objeto de consumo visual.
  • La doble moral del gobierno de Salta
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En contra de la postura oficial adoptada por el Observatorio de Violencia contra las Mujeres, que aboga por desalentar y en su caso suprimir los concursos de belleza, el candidato a diputado nacional por el partido que gobierna en Salta apuesta claramente a la pervivencia de este tipo de competencias.


A Andrés Zottos, que viene coronando reinas de belleza desde antes de que Doris Day fuese virgen, le importa al parecer un rábano que este tipo de competencias hayan sido denunciadas por hacer de la mujer «un objeto de disfrute, de consumo y de propaganda, que no tiene ningún valor positivo», según palabras de un documento oficial elaborado por el citado Observatorio, que es además un órgano público que depende del mismo gobierno que candidatea a Zottos.

Que a Zottos «le gusten lindas» no parece ser una novedad, pero lo que el candidato a diputado nacional considera una virtud es para muchas jóvenes y adolescentes una peligrosa seña de identidad. En la Argentina, y en Salta en particular, se cuentan por decenas las mujeres que han sido objeto de agresiones (algunas han muerto) por el solo hecho de ser «lindas». Por no hablar de los miles de casos de bullying que se producen por una causa tan banal como esta.

En la ciudad bonaerense de Chivilcoy, una ordenanza prohíbe este tipo de concursos con el argumento, por demás razonable, de que refuerzan la idea de que las mujeres deben ser valoradas y premiadas exclusivamente por su apariencia. Y en Salta, donde estas competencias no están ni mucho menos prohibidas, son miradas con bastante desconfianza, porque -según dice el OVM- el objeto que persiguen los concursos es premiar a quien tenga «un físico acorde al estereotipo inalcanzable de belleza femenina, que es tan inalcanzable que se presentan muchísimos problemas de bulimia y anorexia».

Pero no solo en la belleza, en sus riesgos o en su sobrevaloración, está el problema.

Lo más grave es que el gobierno del que Zottos es candidato tiene un doble rasero moral en el tema, porque por un lado achaca a «factores culturales» la escalada de violencia criminal contra las mujeres y, por el otro, promueve con dinero público y sin demasiados controles, la diversión desenfrenada de los jóvenes y de los que ya no lo son tanto.

Es decir, que en vez de reducir las ocasiones que se presentan propicias para los agresores de mujeres, lo que hace el gobierno -Zottos incluido- es fomentar las juergas, las trasnochadas, los beberajes y cuanto otro exceso aparezca asociado con la diversión juvenil: por ejemplo, al bendecir las elecciones de reinas de belleza.

Desde luego que Zottos no se ha destacado nunca por su perfil de apóstol de las causas femeninas. Pero eso es una cosa y otra bien diferente es pensar que con la ligereza de pensamiento que porta puede llegar a provocar un daño irreparable a decenas de miles de jovencitas que esperan que el gobierno -por lo menos el gobierno- las trate como iguales y que no las vaya señalando por su color de piel, por el brillo de sus ojos, por sus dientes o por las dimensiones de sus caderas.

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