
Después de dejar en las reponsables manos de Assennato el despacho cotidiano de los asuntos municipales, el exintendente de El Bordo, ya desligado de compromisos oficiales, se ha zambullido de lleno en el carnaval.
Los duendes carnavaleros lo han llevado hasta la lejana Tartagal, en donde se ha topado con un desfile de bellezas lugareñas, que nada tienen que envidiar -salvo las bikinis- a las de El Bordo.
Dos remiseros amigos intentan averiguar in situ «cómo viene la mano» en la ciudad norteña; es decir, cuáles son las condiciones artísticas y el caché para que las sirenas del trópico accedan a pasear su hermosura por los jacuzzi del valle de Siancas.
Quién sabe si en este nuevo acercamiento a la belleza nativa, Chicho -que piensa en volver a presentarse a las elecciones-, no encuentra a las futuras funcionarias municipales que lo acompañarán en su futura gestión y llenarán los asientos vacíos producidos por los arbitrarios despidos del «dictador» Assennato.
Para no repetir errores del pasado, Chicho promete esta vez un tratamiento económico más justo y bebidas un poco menos populares que el prosaico tetra-brik de tinto peleón.