A pesar de algunos excesos menores en el discurso, el ya exintendente de El Bordo, Juan Rosario Mazzone, ha demostrado ser, por lejos, mucho más educado que sus detractores y enemigos jurados. Y no solo eso: ha demostrado ser más inteligente y más político, a pesar del escándalo de las fotos, de la imputación penal y del psicodrama institucional de la intervención dispuesta por la Legislatura.
Enterado de que el nuevo Interventor estaba en camino para hacerse cargo de la Municipalidad, lejos de esconderse y recoger sus petates como una fámula despedida y humillada por sus patrones, Mazzone salió a la calle, por la puerta grande. Montó un show en la vereda y se exhibió ante los suyos, antes y después de mostrar su carácter frente a los que venían a desalojarlo del poder.
Sobre una mesa, prolijamente dispuestos, esperaban a los interventores una treintena de archivadores, llenos de documentos, con los que Mazzone teatralizó la entrega de una administración municipal «ordenada y sin deudas». A pesar de su atropellado discurso, la gente le creyó.
El Interventor no pudo esquivar la trampa mediática. Las banderas estaban afuera, la gente concentrada y Mazzone entero y con ganas de seguir combatiendo.
Hombre de poco de carácter y mucho menor presencia física, el Interventor se vio de golpe desbordado por la puesta en escena del intervenido, que por su perfección dramática bien podría haber sido organizada hasta el último detalle por un director obsesivo como Stanley Kubrick.
Chicho Mazzone buscó y consiguió una escena de «transferencia de poderes», para dejar claro que no se iba de allí con el rabo entre las piernas sino con la frente alta; y que su disputa no era con el gobierno que lo intervenía sino con los concejales que le habían hecho la vida imposible.
Alguno de estos (también intervenidos) le saboteó el micrófono desde el que Mazzone pensaba dirigir su arenga a las masas, pero el exintendente no se amilanó ante el percance y lanzó su proclama a grito pelado, para sorpresa de todos.
«¿Dónde está la crisis social?», repitió a los gritos varias veces el Intendente destituido, para dar a entender que su intervención no obedece a ningún motivo institucional serio.
El punto más emotivo de su discurso se alcanzó cuando, en medio del calor atmosférico y el mareo de poder, Mazzone anunció que, a partir de ahora, los concejales comerán aca, como resultado de haberse quedado sin trabajo.
Aunque si bien se interpreta el discurso del vehemente calvo, lo que habrá en El Bordo será «aca para todos», incluido el nuevo Interventor. De hecho, se comenta en ciertos círculos vecinales, que Chicho Mazzone convocará a una fiesta en la que sus invitados serán convidados con cerotitos de la zona secados al sol. Assennato será el primero en probar.