La gran familia peronista de Salta funciona como un reloj. Cuando las circunstancias aconsejan revolver las rencillas internas y fragmentar el partido, sus integrantes se odian a muerte, y cuando es necesario proclamar la sanadora unidad, se impone pronunciar aquella famosa frase de «olvidemos el pasado, Juan Manuel». Después de una campaña en la que no han faltado descalificaciones de un lado y del otro, el Intendente de Tartagal y líder visible del Partido de la Victoria en Salta, señor Sergio Napoleón Leavy, ha extendido su mano al Gobernador de la Provincia y líder del peronismo atávico, señor Juan Manuel Urtubey.
Ambos han valorado sus ligeras diferencias como meros «matices» dentro del gran proyecto nacional y popular. Ha llegado la hora de archivar la diversidad y de proclamar que aquí hay un solo enemigo.
Para descabezarlo, Leavy y Urtubey han vuelto a unir sus fuerzas. Separados corren el riesgo de que los votos del norte (esos famosos votos de los que presumía el mítico Turco Abraham) resulten insuficientes para asegurar el triunfo electoral en la Provincia, sobre todo, si se tiene en cuenta que Urtubey viene cosechando derrota tras derrota en la Capital, el distrito más influyente.
Las PASO han quedado atrás y por delante hay cuatro años de feliz matrimonio en el que Urtubey -da pena decirlo- deberá hacerse cargo del «débito conyugal».
Ahora, lo que toca es que Leavy y sus huestes -incluido el preterido Vilariño- apoyen al recién llegado Javier David, a quien parece haberle cundido sus veinte años de romerismo (una especie de Máster en Alta Traición) y tiene ya prácticamente asegurado un asiento en el Congreso Nacional. Todo un sapo verrugoso que atravesará lentamente la garganta profunda de Leavy, a quien no en vano llaman «El Oso».