Los lugares comunes de Pablo Kosiner y la vergüenza ajena

El diputado nacional por Salta, Pablo Kosiner, va camino de romper marcas mundiales en materia de tonterías políticas; lo cual es de un enorme mérito considerando la brutal competencia que tiene en el gobernador Juan Manuel Urtubey.

Pocos, como el diputado salteño, son capaces de solemnizar obviedades con tanta circunspección. Y no son muchos los que poseen un talento extraordinario para hace pasar por verdades filosóficas lo que no es más que una colección de lugares comunes, de frases vacías, memeces y sinsentidos, pronunciados siempre en nombre de la ortodoxia peronista o de la mística militante.

En un intento de superarse a sí mismo, Kosiner ha lanzado recientemente un pronóstico aterrador: “Vamos a ganar porque somos un proyecto nacional, popular y federal”.

Este juicio, deslumbrante por su arrolladora potencia explicativa, ha sido vertido por nuestro diputado en un 'encuentro de dirigentes nacionales peronistas', cuyo nombre ya preanuncia bastante el profundo calado intelectual de los asistentes y la densidad de los temas abordados: «El desarrollo de la Argentina: Una Patria Justa, Libre y Soberana».

En semejante contexto y como no podía ser de otro modo, Kosiner se ha sentido como pez en el agua. Hasta tal punto que no ha vacilado en sacar lo mejor de sí para explicar a la concurrencia los entresijos de la interconexión, a menudo compleja, entre soberanía política, integración regional y desarrollo económico.

La clave para el diputado Kosiner no es otra que el peronismo, su historia, la visión de Perón y su vigencia actual. Vamos, que dicho de otro modo, que fue el general el que dejó guardada en una botella la hoja que contenía la receta step by step de la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación. Para Kosiner, solo hay que destapar la botella, rescatar la hoja, leer su contenido y aplicarlo. Más que peronismo, eso es «petronismo», pues responde a la línea ideológica de Doña Petrona C. de Gandulfo: Haz lo que yo te digo, como te lo digo y saldrá bien.

Bloques regionales y países no alineados

Según Kosiner, Perón quería favorecer la «integración de bloques regionales» y tenía la determinación de asociar a la Argentina con lo que en los años setenta se denominaban «países no alineados».

No es nuestro propósito desmentir a Kosiner (¿quién podría acaso alcanzar sus impresionantes alturas dialécticas?), pero quizá convenga recordar que Perón, mientras gobernó, dio la espalda a los países de su entorno geográfico; entre otros motivos, porque identificaba la idea de una 'unión latinoamericana' con la izquierda marxista vernácula, a la que despreciaba profundamente. Perón no alentó jamás la idea de la integración argentina en bloques regionales porque creía y apostaba decididamente por el desarrollo autónomo del país y por la autarquía política.

Y recordar también que la asociación con los 'países no alineados' se saldó con un fracaso rotundo, pues llevó a Perón a tejer alianzas con dictadores sanguinarios como Muamar El Gadafi y Nicolae Ceauşescu, que murieron ejecutados a manos de sus pueblos.

Pero quizá el pasaje más interesante de la exposición de Kosiner es aquel en el que señala que «la época de la dictadura se extendió hasta el año 2003». Sólo después de Kirchner, y gracias a él, hubo democracia, al parecer. Lo demás fue todo una farsa. Antes de 2003, cuando Kosiner era romero-menemista y se abrazaba como a un osito de peluche al Consenso de Washington, no solo no había democracia sino que probablemente tampoco había país.

Fue Kirchner -según Kosiner- el que cambió radicalmente «el paradigma de la soberanía nacional». Esta frase solo puede revelar dos cosas: 1) que Kosiner no conoce el significado del vocablo «paradigma», o 2) que, conociéndolo, desconoce el significado de «soberanía». De haber escuchado semejante juicio, Rousseau se hubiera revuelto en su tumba del Panteón de París.

Ya para finalizar, y como quien no quiere abandonar el proscenio sin dejar una frase para la historia, el centelleante diputado salteño dijo: “Ahora, desde el interior tenemos que plantearnos achicar la diferencia de desarrollo de las distintas regiones, generando condiciones de competitividad en cada una”.

Lo más sorprendente de esta frase, aunque no se crea, es el adverbio «ahora», pues sirve para poner de manifiesto que Kosiner acaba de descubrir lo que una enorme cantidad de políticos que ocuparon asientos en el Congreso como él descubrieron hace unos 160 años: que nuestro país padece graves desequilibrios territoriales.

Si, a juicio de Kosiner, tenemos que empezar «ahora» a solucionar problemas que ya existían hace más de un siglo y medio, habrá que pensar nomás que la Argentina empezó con Kirchner y que éste, de verdad, es el autor de un «paradigma soberano» realmente inédito. Y el que mató a Rousseau.

Claro que con la receta de Kosiner -consistente generar condiciones de competitividad en cada una de las regiones- estamos arreglados. No sabemos bien si el remedio sugiere que las regiones compitan unas con otras o si se trata de competir con el extranjero. Probablemente sea lo primero, pues con el modelo de economía cerrada, de importaciones penalizadas y cepo cambiario, que tanto ardor provoca en el almita militante de Kosiner, es casi seguro que lo segundo sea imposible, pues, con competitividad o sin ella, nuestras economías regionales agonizarán sin remedio.

En resumen, que Urtubey debe tomar medidas pronto si no quiere que Kosiner le arrebate el cetro mundial de la vaciedad y la memez política.