Juan Manuel Urtubey y Emmanuel Macron, frente a frente

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La comparación entre el Gobernador de Salta y el ministro de Economía de Francia a muchos les puede parecer irreverente, desproporcionada o inútil.

De lo que no hay dudas es de que es bastante arriesgada, pues Salta es una de las provincias más pobres de la Argentina, mientras que Francia -aun en crisis- es una de las grandes potencias económicas del planeta. Un abismo de riqueza, cultura y potencial humano separa a ambos espacios.

Hay, sin embargo, un detalle que hace interesante esta comparación: el ministro de la sexta mayor economía del mundo tiene solo 37 años, ocho menos que el Gobernador de Salta; es decir, no forma parte de esa generación de vacas sagradas de la política a la que Juan Manuel Urtubey descalificó reiteradamente y a la que «invitó», con los peores modos posibles, a abandonar la vida pública.

Emmanuel Macron tiene -a diferencia de Urtubey- un currículum brillante. Posee un diploma del Instituto de Estudios Políticos de París y ha pasado por la Escuela Nacional de Administración de Estrasburgo, y aunque a menudo se tiende a destacar sus competencias en materia económica, se olvida que Macron posee un Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía de la Universidad de París-Nanterre y que fue asistente del filósofo Paul Ricœur, con quien colaboró en la redacción de su libro La Mémoire, l’histoire, l’oubli.

La casualidad ha querido que Urtubey y Macron hicieran importantes declaraciones el mismo día. El primero las hizo en Tartagal, a donde fue a presentar a los candidatos a diputados nacionales por el Frente para la Victoria. El segundo habló en París, en una extensa entrevista concedida a Carlos Yárnoz, corresponsal del diario El País en la capital francesa. No vamos a comparar Tartagal con París, no vaya a ser cosa de que alguien se ofenda.

Diferencias

Las primeras líneas de los discursos ya marcan una diferencia profunda. Mientras Urtubey convoca a la dirigencia peronista del Departamento de San Martín a trabajar por la candidatura de Scioli, «porque garantiza la profundización del actual modelo de gobierno», Macron afirma que él está en el gobierno socialista francés para reformar y «para influir en la apertura, la modernización y transformación ideológica de la izquierda».

El contraste entre el discurso conservador de Urtubey (partidario de «profundizar» el modelo) y el progresista de Macron (partidario de las reformas) es muy nítido. Vale la pena recordar que mientras Macron, a poco de asumir su cargo, envió al Parlamento un proyecto de ley de reformas económicas, Urtubey, en sus ocho años de gobierno «progresista», no ha acometido reformas de ninguna naturaleza.

Otra diferencia nítida se advierte en la concreción del discurso de uno y otro.

Urtubey dice: «Vengo a hablar como un militante que ha hecho todo lo que aquí se ha dicho, el pueblo de Salta me eligió tres veces gobernador de la Provincia porque hago un gobierno peronista», mientras Macron detalla: «El discurso de la solidaridad debe estar acompañado del de la responsabilidad. Tenemos que abordar las raíces, el origen del problema de la zona euro. Por eso, hice propuestas con el ministro alemán Sigmar Gabriel. Propusimos pistas. Sobre todo hay que tener una agenda de convergencia económica, fiscal, de mercado laboral, un modelo social, políticas de solidaridad...»

El personalismo es también un elemento diferenciador importante, pues mientras Urtubey parece refregar en la cara de los tartagalenses su tercera elección y su capacidad personal para hacer «gobiernos peronistas», Macron destaca primero la dimensión de los problemas comunes y su cooperación con su homólogo alemán después.

«La gran diferencia que nosotros los peronistas tenemos respecto de otras fuerzas políticas es que nosotros no sacralizamos los instrumentos, nosotros buscamos la transformación de la vida de pueblo; nosotros hemos puesto de pie al Departamento de San Martín que estaba postrado y lo hicimos en nombre del peronismo y lo hizo un gobernador peronista. Ese es un motivo de orgullo para un dirigente peronista de este Departamento», dice Urtubey.

Para Macron, las cosas son bien diferentes: «Las etiquetas importan poco. Me son indiferentes. Y yo asumo plenamente las cosas. Y no hay que estar en la ambigüedad. El liberalismo político es un elemento de la izquierda. La izquierda es el partido de la emancipación y la libertad, en coordinación con la solidaridad. Si no, la izquierda se convierte en un partido conservador», dice el ministro de Economía francés.

Urtubey evoca el populismo más hueco al decir que «los espacios de poder se conquistan, no entre compañeros en una sede política, se conquistan en la calle militando casa por casa. Cada uno de aquellos que tiene una representación popular la tiene porque el pueblo lo puso en ese lugar, y el pueblo no se equivoca».

Macron no hace concesión populista alguna, especialmente en el caso griego: «El desafío hoy consiste en ayudar a Grecia sin generar la sensación en otros países que han hecho esfuerzos, como España o Portugal, que todo resulta más fácil cuando echas un pulso. Eso es muy importante para mí, y por eso he tenido un discurso duro con Syriza, que no siempre ha sido plenamente cooperativo. Ya sé que lo que digo no gusta a muchos, pero creo que cometió un error de fondo. Algunos opinan que, para defender a Grecia en el euro, hay que considerar a Tsipras un héroe formidable. No es el caso».

Para Urtubey, lo importante es que el peronismo absorba a los demás partidos políticos y que los peronistas entren y salgan del partido según convenga: «No es tiempo para discusiones personales, sectoriales, ni partidarias. Éste es un espacio suficientemente plural para cobijar a todos. El peronismo no es sectario, abre los brazos; los peronistas entramos y salimos de las puertas de un partido político sin importar la estructura de la democracia liberal burguesa del Siglo XIX, los peronistas llevamos el peronismo en el corazón».

Menos pasional y más práctico, Macron habla también de ideología, aunque sin mencionarla: «Hemos modernizado el modelo social y la economía sin recortar derechos. La cuestión es cómo financiamos ese modelo. Se ha financiado con las cargas sobre el trabajo, en detrimento de la competitividad. Queremos dar facilidades a quienes quieren emprender, invertir y trabajar; más flexiseguridad, adaptabilidad y simplicidad».

En resumen...

El discurso de Urtubey no difiere mucho del de un peronista medio del año 1948. Sus palabras constituyen una invitación al inmovilismo, una convocatoria a la perpetuación de un modelo al estilo venezolano, que viene impuesto desde la cúpula del Estado. Su enfoque personalista de los problemas y de las soluciones se da de bruces con una realidad que reclama participación democrática, cooperación, libertad y solidaridad, más que intervencionismo y paternalismo estatal.

Macron, con 37 años, es un político orientado al futuro, convencido de la necesidad de modernizar a la izquierda para adaptar sus valores y sus objetivos a los nuevos escenarios. Un partidario de las reformas, profundas y sin complejo,s que se propone acabar con los bloqueos y las sobrerregulaciones que impiden la emancipación individual y la solidaridad colectiva que constituyen la base del modelo social europeo.

Y la diferencia final: mientras la impopularidad de Macron crece en Francia, a pesar de la sensatez de sus propuestas, la popularidad de Urtubey en los segmentos menos informados de la sociedad salteña sigue en aumento, a pesar de las escandalosas cifras de pobreza, de marginación social, de desempleo, de precariedad laboral y de criminalidad que confirman que Salta es una de las provincias peor gestionadas de la Argentina.